
El acuerdo firmado entre el mandatario Nary Asfura y la dirigencia magisterial el viernes anterior, estaba precedido por la estimación negativa que advierte que, en este y otros conflictos, el Presidente de la República debe quedar como la última instancia de abordaje para la solución, puesto que, siendo el magisterio un gremio economicista, cualquier punto y coma del acuerdo que el gobierno no cumpla, detonará de nuevo en las calles con la dirigencia magisterial tirando del carro de las huelgas, que de un tiempo para acá se disfrazan como asambleas informativas, cuando en esencia todo tipo de paros está revestido con el tinte huelguístico.
Sin embargo, aunque no cabe decir que, con el acuerdo suscrito el viernes, el presidente Asfura salió bien librado de su primer desencuentro con el magisterio, tampoco cabe pensar que los dirigentes magisteriales pueden creer que le torcieron el brazo al mandatario. Cuando hay un enfrentamiento entre gremios y gobierno, la interrogante que la ciudadanía se formula es quién gana y quién pierde en este tipo de arreglos, donde al final el gran perdedor es la niñez hondureña, cuando los maestros se ausentan de las aulas escolares. Por eso, casi siempre la gente se pregunta al terminar el primer round: ¿quién gana y quién pierde? En lo personal, viendo los toros desde la barrera, estimo que esta vez no hubo ganador ni perdedor y que el acuerdo suscrito en la forma como quedó establecido equivale a un empate técnico donde los ganadores son los niños.
Nasry Asfura demostró que no quiere parecerse a otros presidentes, le recomendaron que hiciera lo hacían los presidentes anteriores, que ponían primero a los ministros del ramo a enfrentarse a los demandantes, modelo que siempre fracasaba, porque como los ministros no tienen el poder de decisión que tiene un presidente, para comenzar no tenían idea que ofrecer y las pláticas quedaban en simple conversación, con lo cual solo lograban estirar el tiempo del conflicto. Mel Zelaya tenía su particular estilo, obligaba a los ministros a que se pelearan con los gremios, para después entrar él como «gran salvador» ofreciendo una solución inmediata que consistía en soltar todo el dinero que exigían los gremios. Asfura por el contrario, como pareciera no ser amigo de delegar funciones, es del criterio de salir personalmente al ruedo para tomar al toro por los cuernos. Lo hizo el viernes, tras una reunión de tres horas que concluyó con la firma de acuerdos que comprometieron a los maestros a regresar a las aulas y al gobierno a cumplir con los incrementos a los maestros a partir de septiembre.
Con este estilo de resolver los problemas a las primeras de cambio, Nasry Asfura, que no tiene experiencia de navegar en las aguas presidenciales, se guía por lo que su espíritu le indica; no dejes para mañana lo que puedes resolver hoy. Los dirigentes magisteriales llegaron a Casa Presidencial, Asfura los recibió rodeado de un pequeño equipo de colaboradores y en un zas, o un dos por tres, al cabo de dos horas tenía a los dirigentes de los colegios magisteriales firmando un acuerdo de entendimiento. No se puede decir que al gobierno los dirigentes magisteriales le comieron el mandado, porque los incrementos a los maestros son conquistas que están esculpidas en el llamado «Estatuto del Docente» un logro de varias décadas que vuelve a los maestros una clase privilegiada, exenta de pagar impuestos y con incrementos salariales que no tienen las demas profesiones.
¿Qué chiste tiene que un gobierno se escude en la dilatación del cumplimiento de un derecho que los dirigentes magisteriales con mucha habilidad obtuvieron desde hace varias décadas? Ahora bien, los maestros deben ser conscientes, que, frente a la comunidad nacional, donde hay muchos otros sectores profesionales ansiando tener las mismas prerrogativas de los maestros, el magisterio es un gremio que puede jactarse de estar en mejores condiciones económicas que los demás sectores. En el contexto actual se puede afirmar sin duda que el magisterio hondureño es un sector privilegiado, algo que no pueden negar, pero que, a la vez, los obliga a tener un mejor desempeño en beneficio de los niños hondureños.
Con el paso dado por el gobierno, reconociéndole a los maestros sus derechos adquiridos, es inevitable hablar de un pacto por la educación. El Poder Ejecutivo ha tranquilizado al magisterio sin carraspear, pues, ahora tiene toda la autoridad del mundo para que, en un acto reflejo, el magisterio asuma toda su responsabilidad para atender con el mayor esmero posible la educación de los niños hondureños mediante un mejor sistema educativo que eduque para desarrollar a Honduras. Tener un mejor modelo de educación no depende propiamente de las autoridades educativas, depende más de la voluntad y la calidad de enseñanza que den los profesores a los niños. Organizar un mejor sistema de enseñanza depende más de los resultados de los maestros en las aulas, pero como casi siempre el magisterio se mantiene en pie de guerra con el gobierno, por la incapacidad de las autoridades educativas, lo que ha existido en Honduras es una «desgobernanza educativa en detrimento de los niños».
Por eso, los acuerdos celebrados entre el magisterio y el Presidente Nasry Asfura el pasado viernes, deben ser considerados como el primer paso de un pacto por la educación, en el que, una vez satisfechas las exigencias del magisterio, las autoridades educativas deben sentarse con las dirigencia magisterial para elaborar un proyecto educativo acorde al siglo XXI para satisfacer las exigencias modernas, siguiendo la pauta de países avanzados como Finlandia y Suecia, donde la educación es sometida a una constante evaluación para garantizarle a los niños el correcto aprendizaje.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 8 de junio de 2026.