
Irán ha trazado una estrategia para utilizar las próximas elecciones de medio mandato en Estados Unidos, previstas para noviembre, como una herramienta clave para elevar la presión política sobre el presidente Donald Trump, según revela un reciente informe del diario The Wall Street Journal.
Fuentes de inteligencia apuntan a que Teherán evalúa replicar tácticas históricas. Un antecedente recordado es la crisis de los rehenes de 1980, cuando la liberación de los prisioneros estadounidenses se retrasó estratégicamente hasta la victoria de Ronald Reagan. Posteriormente, aquella administración facilitó suministros secretos de armamento al país persa durante su conflicto bélico con Irak.

En el contexto actual, los líderes iraníes consideran que la confrontación militar y las políticas de Washington se han vuelto impopulares entre el electorado estadounidense, especialmente tras el impacto inflacionario que disparó los precios de la gasolina. Desde Teherán recuerdan las promesas de Trump de asegurar un acuerdo sobre el estrecho de Ormuz para reducir los costos energéticos antes de los comicios, un objetivo que hasta el momento no se ha materializado.
“A medida que el tiempo empieza a agotarse, en Teherán se preguntan: ¿por qué demonios íbamos a aliviar la presión sobre Trump para que haga concesiones? Hagamos que sienta el golpe en las urnas”, señaló Ellie Geranmayeh, experta en asuntos de Irán del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.
Por su parte, la administración de Washington mantiene posturas firmes. El mandatario estadounidense ha reiterado que el propósito central de su política exterior es impedir que el régimen persa desarrolle armamento nuclear, además de desmantelar sus capacidades militares, navales y de misiles balísticos. No obstante, a más de seis meses de intensas tensiones, dichas metas continúan sin cumplirse de forma definitiva.
La situación sobre el terreno se mantiene sumamente volátil. A finales de agosto se documentó una nueva y masiva ola de hostilidades, caracterizada por bombardeos estadounidenses directos contra territorio iraní y consecuentes ataques de represalia por parte de Teherán dirigidos contra bases norteamericanas en Oriente Medio. Esta peligrosa espiral de violencia continúa expandiéndose, amenazando con involucrar de manera directa a otras naciones de la región en un conflicto sin una salida clara a corto plazo.