
Quizás la mayoría de los hondureños se han dado cuenta de manera superficial de la situación catastrófica en que se encuentra la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, que desde el 2006 empezó a caer en un abismo hasta llegar a una profundidad tal, de la que no se ha podido rescatar. La pérdida, si bien es cuantificable en muchos millones de lempiras, es algo aterrador, y, sin embargo, los gobiernos no han hecho el esfuerzo necesario para asumir con seriedad una deuda que tiene acorralada a Honduras y a todos los hondureños. ¿Por qué los gobiernos, desde 2006 para acá, dejaron que la ENEE cayera en la deplorable situación en que se encuentra, en que, aparte de ser una empresa que presta un servicio deficiente, no tiene capacidad para sobrevivir, por lo que está sumida en una inercia de pérdidas, que de no tomarse medidas apremiantes, en cuestión de pocos años detonara provocando la quiebra de Honduras?
La negligencia, displicencia e indiferencia de los gobiernos para no enfrentar la grave situación de la ENEE puede explicarse en el plano de la realidad como algo conspirativo y oscuro, porque los responsables de los gobiernos sabían que la principal empresa del país, que nos surte de energía, se estaba hundiendo todos los días y las personas que fueron nombradas para gerenciarla contribuyeron a profundizar las perdidas. El método de administrar la empresa estatal más grande de Honduras, de la que dependemos todos los sectores para recibir el servicio de energía eléctrica, se basó en un sistema perezoso, sin análisis y sin las reflexiones necesarias de lo que debía hacerse para evitar que la ENEE llegara al estado calamitoso en que se encuentra actualmente, con una salvación que requiere mucho tiempo, mucha sabiduría en el ramo y toda la voluntad para tomar las decisiones que no pueden ser las mismas que se han «mal tomado», porque aceleraría la quiebra final de la ENEE que a la vez sería la quiebra de Honduras.
El gobierno de Nasry Asfura ha iniciado un proceso que no admite dilatorias, para comenzar a enfrentar como se debe la critica situación de la ENEE. En los próximos días llevará al Congreso Nacional un proyecto de reforma del subsector eléctrico, que usando la vieja metodología de la mortadela, que requiere dividirse en partes para poder comerla, proyecta tres divisiones fundamentales que son tres áreas: generación, transmisión y distribución. Esta separación funcional de la ENEE, es producto de un análisis exhaustivo de expertos internacionales que conocen a la perfección las buenas prácticas de empresas como la ENEE que funcionan con rendimiento tanto en la prestación de un servicio eficiente que a la vez es rentable, o sea, generador de utilidades.
No se puede seguir dejando en las manos inútiles de los políticos que en el pasado fueron convertidos en gerentes improvisados y cuyos nombres deberían salir a la luz pública, porque, por su culpa hoy estamos a punto de quedar a oscuras, sin energía, como ya lo estamos padeciendo, con racionamientos extensos de ocho horas en ciertos días de la semana. Hay mucho interés de EEUU por contribuir a la solución del grave problema de la ENEE, especialmente aportando la experiencia de reformas eléctricas que se han practicado con éxito en varios países que han aceptado la tutela de los expertos.
La separación funcional de la ENEE en tres áreas: generación, transmisión y distribución requiere a la vez que todo el sistema de la empresa sea operado por un sistema neutral y un regulador que sea independiente, pero que no requiere privatizar la empresa. Es un patrón aprobado por el BID, con éxito para evitar las perdidas no técnicas, que han sido detectadas en muchas localidades donde la empresa presta el servicio, pero no percibe ingresos. El gran problema de la ENEE se ha agravado por las pérdidas, porque no ha tenido profesionales capaces de crear estrategias para recuperar la energía que se pierde. El proyecto de reforma del subsector eléctrico ha tenido un acompañamiento internacional completo, y no es producto de una iniciativa aislada del gobierno, ha sido revisado por varios actores internacionales, entre los cuales están los organismos más acreditados como el BID y algunas firmas auditoras que certifican que la reforma del subsector eléctrico es la tabla de salvación de la ENEE.
Quedará en manos de los diputados del Congreso Nacional asumir con responsabilidad patriótica la aprobación del proyecto de reforma del subsector eléctrico, que no debe correr la suerte de la politización sectaria, porque a la ENEE ya no le queda más tiempo para entrar en una etapa de recuperación. Los diputados no necesitan muchas destilaciones cerebrales para entender la urgencia de empezar a rescatar la empresa que nos surte de energía eléctrica. O salvamos la ENEE o corremos hacia un futuro de oscuridad y tinieblas. La ENEE no puede padecer las graves consecuencias del populismo irresponsable que implantó el gobierno de Xiomara Castro, argumentando que regalar la energía era un asunto de derechos humanos.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 10 de junio de 2026.