
La indignación de los habitantes de un país puede ser provocada por muy diversas causas. Algunas personas suelen decir que los males que padecemos en Honduras, que no son pocos, proceden en su totalidad de la clase política. Esto equivale a tratar a nuestros políticos en una forma discriminatoria, como si fuera un sector de la sociedad al que debe darse de comer aparte. Cierto es que nuestros politicos son el reflejo fidedigno de la sociedad, como ciudadanos somos responsables de alguna manera de la clase politica, desde el momento en que nos convertimos en sus avales, al votarles para que asuman diversas funciones públicas. Por eso desearíamos que fueran algo mejor de lo que terminan siendo, cuando ya asumen un cargo, porque los ciudadanos solemos olvidar que esos políticos llegaron al cargo por nosotros.
Hay cargos importantes como la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, que inciden más que los politicos en la vida nacional. Hoy, la principal universidad hondureña es un elefante tambaleante, rectorado por Odir Fernández, alejado de sus menesteres académicos y de sus objetivos fundamentales, convertida en un antro de politiquería sectaria, bajo el reproche generalizado de la comunidad universitaria, al trascender el manoseo del rector Odir Fernández, preocupado solo por controlar los cargos claves de los círculos universitarios que tienen voto para decidir la continuidad de Fernández para un segundo período, que de conseguirlo, sería el acabóse de la UNAH. Como puede ver el público, reelegir a Odir Fernández no es responsabilidad de los ciudadanos, especialmente de los contribuyentes que pagamos impuestos, con los cuales se sustancia el enorme presupuesto de miles de millones de lempiras que por ahora no cumplen la función social, al estar la universidad nacional en manos de personas desquiciadas.

Porque este es el punto, en la cadena de despropósitos que se están dando en la UNAH, además de Odir Fernández, la responsabilidad recae tambien en un grupo de profesionales que forman juntas universitarias, que se están repartiendo el presupuesto universitario con la cuchara grande, aprobándose incrementos salariales que están fuera del contexto universitario, aprovechándose de las ambiciones de Odir Fernández, que está obsesionado por reelegirse. El caso de la Universidad Nacional de ningún modo es algo excepcional, hay otros tantos que tenemos en que los funcionarios no cumplen con sus obligaciones, y con pena tenemos que decir, que el gremio médico del sector público está en la picota cuando deja de prestar servicios a la población, alegando el pretexto de falta de pago de sus salarios. Si bien es cierto que todo trabajo debe ser correspondido con el pago puntual, el caso de los médicos no es un trabajo común, es absolutamente excepcional, porque se trata de la salud de las personas.
Un artículo del Dr. Mario Noé Villafranca publicado esta semana en La Tribuna nos sirve de base para recordarle, más que a los médicos, a los directivos del CMH, que la profesión de la medicina requiere un alto espíritu de abnegación. El CMH, al estar presidido por un político de izquierda, se aparta de este concepto para traspasarse al escenario economicista,, donde si no hay paga inmediata no hay atención para la salud de las personas. Cierto es que los médicos son seres humanos con muchas obligaciones que cumplir, como las demás personas, pero al escoger la profesión más humanitaria como es la de prestar atención a la salud de las personas que acuden a los hospitales del Estado, al alejarse de sus deberes se apartan del espíritu de abnegación a que se refiere el Dr. Mario Noé Villafranca.
Es fácil despotricar contra nuestros políticos, y a veces es necesario hacerlo. Pero, otro tanto deberíamos hacer con el gremio de los maestros,donde no todos actúan con la mentalidad de mentores, y son muchos los profesores que en estos tiempos, en que la ideología ha convertido en penuria el sistema educativo, no cumplen ni siquiera a medias su papel de educadores. La crisis sistémica en que se debate el sector educativo tiene mucho que ver con la mala calidad de la educación que se imparte en la mayoría de las escuelas del sector público. Obviamente que las autoridades educativas comparten esa gran cuota de irresponsabilidad que nos deja resultados inquietantes, al ver cómo los niños egresan de las escuelas públicas con niveles deficientes de conocimiento. Sin duda que se ha tocado fondo en el pseudo sistema educativo hondureño, en el que lo rescatable son las escuelas bilingües que por regirse por disciplinas estrictas, egresan estudiantes mejor calificados.
Abordamos dos temas, salud y educación, porque son los dos ejes fundamentales de la nación hondureña, señalando que en ambos casos, la sociedad hondureña debe cuidar no abusar de la comodidad de echar todas las culpas de lo que sucede, a los políticos, descargando de las propias responsabilidades a los profesionales que tienen su deber, los médicos de no abandonar la atención a la salud de las personas de escasos recursos, y los profesores, de no eludir su responsabilidad cuando la sociedad comprueba que cada vez el producto que egresa del sector público, está más carente de conocimientos elementales. Los dirigentes del CM no deben achacar solo a los políticos, la situación de sus afiliados que no atienden a los enfermos por no tener su pago puntual. Y los profesores no pueden eximirse de responsabilidad por el mal producto que egresa de los centros educativos públicos. Porque todos tenemos responsabilidades socales. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 18 de septiembre 2026