
No hay mejor forma para describir el hecho en que, un pseudo organismo internacional, que supuestamente vela por la defensa de los derechos humanos de los pueblos, se preste para que individuos violadores de la Constitución de un país, que actuaron como conspiradores, que buscaron boicotear el proceso electoral de un país, y un pseudo fiscal que se prestó como defensor de oficio de una familia gobernante, que hizo todo lo ilegalmente posible para que en Honduras no hubieran elecciones, ocupen su estrado para que estos individuos se salgan con la suya, como angelitos «pilluelos» que estuvieron a punto de destruir el sistema democrático hondureño, y que, a través de este organismo, subsidiario de la ONU, puedan lograr una condena contra el país víctima, buscando ser resarcidos con mucho dinero, que es lo que al final de cuentas buscan Marlon Ochoa, Mario Morazán y Joel Zelaya.
Desde que la ONU fué capturada por las potencias socialistas, dejó de ser un foro para preservar la democracia en la humanidad, convirtiéndose en una alzada izquierdista donde la moral pasa a un tercer plano, prevaleciendo la mezquindad humana que pisotea la ley y la justicia, con lo cual la ONU ya no es un organismo en el que se pueda confiar para salvaguardar la democracia. Dentro de la ONU, organismos como la CIDH se han convertido en vías para mantener la cohesión de lo inmoral con lo ilegal. El escenario perfecto para que los mencionados violadores de la Constitución hondureña, puedan encontrar apoyo para incoar demandas que los haga aparecer como víctimas cuando desde sus posiciones actuaron como victimarios de la Constitución y demás leyes hondureñas.
Cuando las consejeras del CNE, Cossette López y Ana Paola Hall, acudieron a este organismo, demandando su intervención por las atrocidades que cometían MarlonOchoa, Mario Morazán y Joel Zelya , la CIDH se hizo de la vista gorda, ignorando sus denuncias; los izquierdistas de la CIDH se hicieron los desentendidos, ni siquiera pusieron atención a las denuncias de dos mujeres que en el cumplimiento de sus funciones, apegadas a la Constitución y demás leyes, eran agraviadas y ultrajadas por tres funcionarios que actuaban plegados completamente al proyecto político del PLR, que a toda costa buscaba torpedear las elecciones para garantizarse la continuidad en el poder.
La CIDH, con su actuación inescrupulosa se ha desnaturalizado al quitarse la careta de una falsa neutralidad para actuar descaradamente como un organismo que sigue la línea del alto mando de la ONU, donde mandan Rusia, China y demás países de la izquierda internacional que le hacen comparsa. Marlon Ochoa, Mario Morazán y Joel Zelaya buscan que este organismo mastodonte de la izquierda, condene a Honduras por los juicios políticos mediante los cuales el Congreso Nacional los separó de sus cargos, siguiendo el protocolo establecido en la ley, cuando un funcionario apartándose de sus obligaciones actúa en contra de los intereses del país, como lo hicieron Marlon Ochoa, Mario Morazán y Joel Zelaya, los tres,consumados violadores de la Constitución.
Los argumentos de los tres ex funcionarios rayan en el cinismo, los hondureños los vimos con el deseo frenético de boicotear las elecciones primarias, luego, buscando a toda costa impedir la declaratoria de las elecciones generales. Las agresiones de Marlon Ochoa, de manera vulgar, contra la consejera Cosette López fueron muy evidentes, Ochoa hizo acopio de los recursos más inmorales para echar a perder las elecciones primarias, desde liderar el extravío de las urnas aquel 9 de marzo, hasta desatar una guerra de acosos contra la consejera Cosete López, que no obstante sufrir una andanada de agresiones por parte de Ochoa, pudo sacar avante las fundamentales elecciones primarias, contando con el decidido respaldo de los electores, que aquel memorable 9 de marzo, armados de un valor estoico, aguantamos entre 12 y 14 horas en nuestros centros de votación hasta que llegaran las urnas al filo de las 8 de la noche.
Y que decir de las elecciones generales, cuando la consejera Ana Paola Hall, tuvo que ser protegida en la embajada de un gran país como es Francia para, desde allí, poder hacer la declaratoria de las elecciones el propio 24 de diciembre, ante una inminente captura que habia orquestado el señor Joel Zelaya, queriendo evitar a toda costa que la consejera Hall, junto a sus compañeros, pudieran leer la declaratoria de las elecciones generales. Y la actuación de Mario Morazán, atropellando a la magistrada Miriam Barahona, con una inconsecuencia bárbara que al final incidió en el fallecimiento de la magistrada. cuya muerte en gran medida fué obra de la conducta de Morazán. Mayor atropello no se había visto en Honduras en los ultimos años, de parte de funcionarios coludidos con el partido del gobierno del PLR, tratando boicotear las elecciones para que, de esa forma, el gobierno de Xiomara Castro continuara en el poder por la fuerza bruta.
Desconocer este cúmulo de agresiones de estos tres funcionarios contra el orden democrático, pretendiendo boicotear hasta el final el proceso electoral, convierte a la CIDH en un organismo compinche con un grupo de funcionarios delictivos coludidos conel gobierno del PLR que a toda costa buscaba perpeturarse en el poder. Frente a la inescrupulosidad de la CIDH , a Honduras solo le queda tomar el camino de denunciar a este organismo por su complicidad con delincuentes politicos, y dar los pasos pertinentes para retirar a nuestro país de un organismo bizarro que opera con la bandera de la injusticia, donde los campeones son los violadores de la Constitución y demás leyes. Asi son las cosas y así se las hemos contado hoy miercoles 5 de agosto2026