
En los primeros días de febrero de 2011, el entonces presidente Porfirio Lobo Sosa nos convocó a los propietarios de medios de comunicación en el despacho presidencial, a una reunión importante. Sabiendo con anticipación el asunto a tratar, nuestro inolvidable amigo, don José Rafael Ferrari, me llamó para anticiparme que Pepe Lobo quería el apoyo de los medios para concretar el retorno de Mel Zelaya a Honduras, después de dos años de haber sido derrocado por su desacato a la ley que le prohibió la celebración de la consulta de la «Cuarta Urna». Ferrari, una persona bien informada, me preguntó por teléfono que opinaba sobre el retorno de Mel Zelaya al país y las posibles consecuencias de su reincorporación a la vida política. Mi respuesta fue apegada a la Constitución: Mel Zelaya era hondureño y por consiguiente tenía todo el derecho a volver a su país, mientras que su reincorporación a la vida pública dependía del proceso que se le había instruido por violar la Constitución, proceso que no prosperó por los acuerdos políticos.
Una vez reunidos en el despacho presidencial, Pepe Lobo me preguntó cómo miraba el regreso de Mel, y mi respuesta fue la misma: Mel Zelaya era hondureño y nada le impedía regresar al país. En cuanto a facilitarle la incorporación en la política, permitiéndole la inscripción de un nuevo partido político, le dije a Pepe Lobo que si llenaba los requisitos de ley, tampoco había forma de impedirle el registro pero que eso dependía de si podía obtener el respaldo del número de personas que le dieran la firma. Lo demás es historia, Mel Zelaya regreso en medio de una parafernalia plagada de mentiras que solo sus seguidores se las creen.
Traemos a colación este episodio en el momento que se anuncia el regreso de Juan Orlando Hernández a Honduras. Igual que en 2011, decimos: no hay nada que impida el retorno de JOH a Honduras. La única petición que ha planteado su defensa es que se suspenda la orden de captura contra el expresidente y se le permita defenderse en libertad, lo cual ha sido aceptado por el Poder Judicial, por lo que, es un hecho que JOH regresara a Honduras en las próximas semanas. Es innegable que el solo anuncio del regreso de JOH al país, genera expectativas en todos los ámbitos. En lo politico, en el Partido Nacional es donde surge una especie de aflicción, especialmente en los entornos de la Presidencia de la República y del Congreso Nacional.
No es para menos, JOH fue el líder absoluto que tuvo al PN en un solo puño durante ocho años, hasta el momento en que cayó en desgracia y fue pedido en extradición por el gobierno de EEUU, acusado por narcotráfico y otros delitos. Tras ser condenado a varios años de prisión, en forma extraña, en un juicio donde las únicas pruebas que se presentaron en su contra fueron los testimonios acusatorios de varios narcotraficantes hondureños que su gobierno extraditó a petición del gobierno de EEUU; JOH fue favorecido con el indulto otorgado por el presidente Donald Trump. Pero, esto no fue celebrado en todas las esferas del PN, especialmente en aquellas con las que JOH tuvo roces y fricciones en no pocas ocasiones.
Hoy, cuando el poder está en manos de dos figuras recias, y, que es evidente que quieren preservar los círculos y las influencias de poder, sin deseos de compartirlo, el regreso de JOH es visto con olímpica indiferencia, con un mensaje inocultable de «bienvenido, pero a su casa, a reencontrarse con su familia en su país» pero sin vallas ni saludos de reconocimiento del Partido Nacional, porque esta vez la recuperación del poder le costó a otras personas, que pusieron su sudor y sus esfuerzos sin el concurso de Juan Orlando. Si se quiere, además de indiferencia, hay una invitación tácita de los nuevos líderes del PN a JOH, para que evite activar en política, porque no le haría nada bien al gobierno de Asfura, no le hará bien al PN y casi, que tampoco le haría bien al propio JOH.
Este aviso que se percibe en la atmosfera de la actual dirigencia nacionalista tiene un mensaje diferente en el PL y en el PLR. A los liberales parece no darles frío ni calor el regreso de Juan Orlando, no así en los círculos del PLR, donde se frotan las manos y se lamen los bigotes, por creer que el retorno de JOH es una bandera de lucha que reunifica a las bases del PLR, y quien más lo cree así es Mel Zelaya, que bate palmas, porque es de los que a pie juntillas cree que el retorno de JOH es la bandera ideal que reactiva y le da sangre y nuevas esperanzas de vivir al PLR. Lo cierto es que, de alguna manera, el retorno de JOH reactivara la polarización política en Honduras. Y no porque JOH venga a ponerse las botas políticas de inmediato, es que su sola presencia genera escozor en todos los ámbitos del país. Pero particularmente, entre los actuales líderes del PN, porque creen que el tiempo de JOH es tiempo pasado. Y que el actual es de Asfura y Tomás.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 30 de junio de 2026.