
Tengo que confesar que este último capítulo del Banco Central me tiene algo perdido. En mis años de periodista y conociendo las leyes del país, nunca imagine que la institución que maneja las reservas y dirige la política monetaria, crediticia y cambiaria del país, podía caer en las redes de una corrupción interna. Siempre tuve la impresión de que el Banco Central tenía tal blindaje que no permitía que los tacuazines pudieran penetrar hasta sus arcas para robarse el queso. Es decir, yo concebía que podían robar en cualquier otro banco del sistema, pero jamás que pudiera haber lisos y resbalosos que pudieran saquear el dinero del Banco Central. Hasta que una guapa fiscal, que quien sabe cómo rompió los esquemas de seguridad del poderoso banco estatal, logro engatusar a funcionarios de nivel medio y alto, del Banco Central, para llevarse muchos millones de lempiras.
En los círculos financieros internacionales, cuando alguien roba dinero en circunstancias como estas, suele hablarse de “dinero negro”. Personalmente, ese calificativo me parece confuso, porque el robo y la corrupción no tienen color. La verdadera pregunta es cómo esta fiscal pudo articular una red interna en el Banco Central para perpetrar el saqueo. Don Roberto Ramírez, cuando presidía el BCH, nos explicaba a quienes cursábamos Derecho Bancario que el banco del Estado no mantenía grandes cantidades de efectivo en sus bóvedas, salvo para operaciones menores. Casi todas las transacciones se realizaban mediante documentos, por lo que, en teoría, no había margen para mordidas ni maniobras internas.
Quizás con el paso del tiempo, las reglas interiores del Banco Central se han movido y se han abierto fisuras por donde se pueden hacer sustracciones millonarias, como las que hizo la «fiscal barbie», que pudo haber usado su hermosura para cautivar a los funcionarios del Banco Central y convertirlos en sus cómplices. Es posible, porque como ya hemos dicho, lo que más abunda en Honduras es la corrupción, donde gente que uno no se imagina, se ha corrompido por encima de sus posibilidades. Nos explicamos: los fiscales deberían ser personas puestas a toda prueba, que aunque no sean santos de iglesia, como son seleccionadas por una entidad que persigue y combate la corrupción, creeríamos que al momento de seleccionarlas son sometidas a un examen riguroso para descartar ciertas debilidades que tienen las personas comunes. Pero, cuando vimos la facha sexual de la famosa «fiscal barbie», lo que menos le vimos fue personalidad de fiscal.
Otro tanto debería ocurrir con el personal del Banco Central. Un funcionario con rango ejecutivo en ese tipo de banco debe ser un profesional debidamente auscultado, de manera que una vez metido en la faena profesional tan especifica y delicada, como es la de ser funcionario del banco del Estado, no manifieste la mínima duda en el radio de accionar donde pudiera quedar fuera del alcance de la sospecha, que ese funcionario sea capaz de organizar una trama subterránea para encubrir desmanes, diluir responsabilidades y burlar los mecanismos de seguridad del Banco Central por algun tiempo o por mucho tiempo, como efectivamente lo hicieron.
¿Cómo fue posible que la «fiscal barbie», en complicidad con funcionarios y empleados del Banco Central, tuvieran tanta sagacidad para birlarle muchos millones a la entidad bancaria estatal sin que fueran pillados por los mecanismos de seguridad del banco en el primer momento? Lo más admirable de esta pillería efectuada en lo interno del Banco Central es el período en que transcurrió. ¿Quiénes eran las cabezas responsables del banco que no tuvieron la sospecha de que el banco estaba siendo saqueado por sus propios funcionarios? Y que siendo engatusados por una hermosa fiscal, no tuvieron la mínima vergüenza para demostrar su capacidad delictiva de organizarse en una banda para robarse millones de lempiras del Banco Central.
Dicen que el hombre y la mujer de hoy, no dan abasto a sus ambiciones en este siglo XXI, desde que la tecnología y la inteligencia artificial los dota de conocimientos que les permite propasarse en sus habilidades. Y esto quedó demostrado en el saqueo del Banco Central, donde surge la corrupción inflacionaria, con el efecto gravísimo de que haya funcionarios con capacidad excesiva hasta para saquear el banco. Además, dicen que los politicos roban como el gato maúlla o la gallina cacarea. Sin embargo, la «fiscal barbie» y los funcionarios del Banco Central se llevaron la barda, demostraron que son corruptos por encima de sus posibilidades, saquearon millones de lempiras en las barbas del alto mando del banco, lo peor que ha sucedido en la historia del banco estatal, un latrocinio institucional de alta categoría, ¡quizás porque las arcas están abiertas!
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 4 de junio de 2026.