
Las carreteras hondureñas se han convertido en un escenario de muerte.
En lo que va de 2026, las estadísticas han superado cualquier barrera de contención: 263 personas han fallecido en accidentes de motocicleta, una cifra que expone la vulnerabilidad extrema de quienes eligen este medio de transporte.
El desglose es devastador para la sociedad hondureña, con 203 hombres, 19 mujeres y, de manera trágica, 41 menores de edad que han perdido la vida en siniestros viales.
Ante este panorama, la Policía Nacional ha reactivado la campaña «En la moto, un error es la muerte».

El mensaje es directo: la combinación de maniobras temerarias, el irrespeto a las leyes de tránsito y la imprudencia se traduce, tarde o temprano, en una tragedia familiar.
Las autoridades advierten que, en la carretera, la pericia al conducir no sustituye a la prudencia y que, para los motociclistas, un solo segundo de distracción o un error de cálculo marca la diferencia entre llegar a casa o engrosar la lista de fatalidades.