
Por: Nery Alexis Gaitán
Cada día se hace más difícil para miles de familias poder obtener los tres tiempos diarios de comida. Los hondureños, azotados por la pobreza, sufren constantemente el incremento de los precios en todo lo que adquieren. Veamos las causas.

La carestía de la vida se mantiene en niveles críticos, impulsada por el alza continua en los precios de los combustibles, la inflación de alimentos y el estancamiento de los salarios. Principales indicadores y situación actual: la canasta básica supera los 16,000 lempiras mensuales para una familia promedio, registrando incrementos acumulados de cientos de lempiras en lo que va del año y afectando productos esenciales como la tortilla y la carne de res.
Pobreza y desempleo: Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) a través de la Encuesta de Hogares, la pobreza en el país se elevó al 61.1% y la tasa de desempleo subió al 7.1%. Asimismo, más de dos millones de personas enfrentan problemas de empleo. Esta terrible situación limita la capacidad de los hogares para responder a sus necesidades mediante ingresos laborales, activándose el círculo de la pobreza.
Impacto alimentario. Informes recientes del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH) advierten que la presión económica ha obligado a casi 800,000 hogares hondureños a reducir porciones o saltarse tiempos de comida. Reportó que la inflación retomó una trayectoria ascendente durante el segundo trimestre de 2026 y alcanzó el 5.83% en junio y la inflación interanual subió al 6.28% en septiembre, y una situación igual o peor se vaticina para octubre. El salario mínimo aumentó cerca de 7% durante este año. Sin embargo, ese incremento convive con la presión que ejerce el costo de la canasta básica sobre los ingresos familiares.
Combustibles y transporte. Las constantes variaciones al alza en la estructura de los carburantes dictadas por la Secretaría de Energía siguen encareciendo los costos de producción, distribución y transporte público. Para esta semana hay un incremento de L.1.23 lo que coloca a la gasolina superior a un elevado precio de L. 157.84 y el Diesel a L. 153.53 el galón.
El costo de vida por persona. Se estima que una persona requiere alrededor de L.2,622 mensuales solo para subsistir en condiciones básicas, lo que es un alto costo para los pobres. Esta cantidad apenas cubre comida esencial. Y ni hablar de los costos relacionados con medicinas, ropa, transporte y servicios públicos.
El acceso a las puertas de la pobreza y la miseria es la única ruta que transitan los pobres de Honduras. La vida se vuelve más precaria para los que no tienen empleo, salud ni educación. Los gobiernos van y vienen y no hay ninguna diferencia. Las políticas de impacto social o no existen o son ineficientes, anegadas en la fatídica corrupción que es la tragedia nacional.
Con un sistema de salud colapsado, con una educación pública obsoleta, con una infraestructura en carreteras y similares casi en ruinas, con serios problemas de empleo, con violencia, extorsión, con la inseguridad ciudadana manifiesta en todo el territorio nacional, el sistema democrático es endeble y la justicia no funciona al estar parcializada y politizada. Con toda esta lamentable situación el país va hacia el abismo y la búsqueda de la prosperidad sólo es una esperanza inútil que jamás se concretará.
El pueblo hondureño todavía espera que esta administración nacionalista, en verdad, empiece a dar soluciones reales a la problemática nacional a inmediato y corto plazo. Debe equilibrar más justicia social, tener una política efectiva para que se generen más fuentes de trabajo a nivel formal. Debe luchar tenazmente en contra de la corrupción. Asimismo, debe efectuar una lucha frontal en contra de la extorsión, del crimen organizado y de la delincuencia común.
¡Los hondureños merecemos un mejor destino en la vida!
