
Ubicada en el corazón de la zona colonial, la imponente Catedral Inmaculada Concepción de Comayagua resguarda una de las piezas de ingeniería medieval más fascinantes del planeta: el reloj en funcionamiento más antiguo del mundo. Fabricado por los árabes en el año 1100, durante el periodo de ocupación en España, este tesoro mecánico llegó a tierras hondureñas en la época colonial como un regalo del duque de Cocentaina al obispo Fray Jerónimo de Corella.
Tras la expulsión de los árabes en 1492 y el posterior reparto de bienes de la Corona, la maquinaria fue instalada inicialmente en la iglesia Nuestra Señora de la Merced.

No fue sino hasta el año 1715, con la conclusión de la torre de la catedral, que el dispositivo fue trasladado a su ubicación actual, donde continúa operando exclusivamente mediante un sistema de gravedad, sin necesidad de electricidad ni baterías.
El mecanismo cuenta con ocho ruedas dentadas: cuatro para el engranaje, tres para las pesas y una encargada de mover el péndulo. Su precisión es tal que marca los cuartos, medias y horas mediante un sistema de campanadas.
Actualmente, los únicos elementos que no corresponden a su diseño original son los lazos de transmisión, que en el pasado eran de cuero de vaca y fueron sustituidos por materiales modernos.
La conservación de esta joya de 926 años recae en manos expertas. El maestro restaurador guatemalteco Don Antonio Cerón capacitó en su momento a Don Anahí Machado y a sus hijos, quienes hoy se encargan de heredar el conocimiento y brindar el mantenimiento preventivo y correctivo necesario para garantizar que la maquinaria siga latiendo con precisión milimétrica.
Este icónico reloj no solo forma parte del patrimonio histórico nacional, sino que es el protagonista indiscutible de las festividades de fin de año. Por decreto gubernamental, cada 31 de diciembre las campanadas de Comayagua transmiten la bienvenida oficial al año nuevo ante miles de hondureños y a través de cadenas internacionales que se concentran en la Plaza León Alvarado.
Las autoridades locales y de turismo destacan que la ciudad colonial —fundada en 1537 por el capitán español Alonso de Cáceres— vive un incremento en la afluencia de visitantes nacionales y extranjeros, especialmente durante temporadas vacacionales como el feriado morazánico.
Con su rica herencia religiosa, su imponente arquitectura y este milenario reloj testigo de los siglos, Comayagua se afianza como un imán turístico y cultural en el centro de Honduras.