
La comunidad de Rigores, en Trujillo, Colón, despidió entre llanto y clamor de justicia a 11 de las víctimas de la masacre ocurrida en una finca de palma africana en el Bajo Aguán, en una jornada marcada por el dolor colectivo y escenas de profundo impacto emocional.
Entre los sepelios destacó el entierro de las hermanas Rodríguez, así como de otros trabajadores agrícolas que perdieron la vida en el ataque armado, cuyos cuerpos fueron acompañados por familiares y vecinos hasta el cementerio local en medio de gritos de indignación y exigencias de justicia.
Las autoridades mantienen abiertas las investigaciones sobre el hecho, mientras la comunidad insiste en que el crimen no quede impune y reclama respuestas ante una de las masacres más violentas registradas recientemente en la región.