
La administración Trump enfrenta una nueva baja de alto perfil.
Este lunes, la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, presentó su renuncia, convirtiéndose en el tercer miembro del gabinete en abandonar su puesto en apenas dos meses. Aunque la Casa Blanca, a través del director de comunicaciones Steven Cheung, intentó presentar la salida como una transición hacia el sector privado, el telón de fondo es una serie de investigaciones por presunta conducta indebida que han erosionado la estabilidad de su gestión.

El peso de las acusaciones La investigación, liderada por la Oficina del Inspector General, se centraba en denuncias sobre el uso de aviones financiados por los contribuyentes para realizar viajes de carácter personal, disfrazados como eventos profesionales. Según reportes de medios estadounidenses, esta trama habría sido orquestada por sus asesores más cercanos, el jefe de gabinete Jihun Han y su adjunta Rebecca Wright, quienes ya han sido apartados de sus cargos.
A la crisis administrativa se sumó un ángulo más grave: denuncias de acoso sexual contra su esposo, Shawn DeRemer, dentro de las instalaciones del Departamento de Trabajo. Reportes indican que DeRemer habría tocado inapropiadamente a empleadas del edificio federal, lo que provocó que se le prohibiera el acceso a la sede ministerial.
Un gabinete en reconfiguración La salida de Chavez-DeRemer, quien fue representante por Oregón, es una pérdida simbólica importante para el gobierno, al ser la única mujer hispana que integraba el gabinete de Trump. Este movimiento sigue a las recientes salidas de la fiscal general, Pam Bondi, y de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, consolidando una etapa de alta inestabilidad en el equipo de gobierno.
A partir de este lunes, Keith Sonderling, quien fungía como subsecretario, toma las riendas del departamento en calidad de interino. Su desafío inmediato será contener la crisis reputacional y operativa que enfrenta una institución central para la fuerza laboral estadounidense.