
El brote de ébola en la República Democrática del Congo continúa acelerándose y ya supera las 1,700 muertes, mientras el número de contagios se acerca a los 3,800 casos, según los reportes más recientes.
El epicentro de la emergencia se mantiene en la provincia de Ituri, una región del este del país donde la inseguridad, el limitado acceso a las comunidades y la falta de recursos dificultan las acciones de contención.
Las autoridades sanitarias advirtieron que cerca del 80 % de los nuevos casos se detecta fuera de los sistemas de rastreo de contactos, lo que evidencia una expansión de la transmisión comunitaria. Esta situación limita la capacidad de identificar rápidamente a las personas expuestas, aislar los nuevos focos y reconstruir las cadenas de contagio en las zonas afectadas.
La Organización Mundial de la Salud informó que la emergencia se ha extendido a varias provincias y mantiene bajo vigilancia a más de 17,000 posibles contactos. Sin embargo, el conflicto armado, los desplazamientos de población, la actividad minera ilegal y las dificultades para ingresar a comunidades remotas continúan obstaculizando el trabajo de los equipos médicos y de respuesta epidemiológica.
El brote, declarado en mayo de 2026, está asociado al virus Bundibugyo, una variante para la que aún no existen vacunas autorizadas ni tratamientos específicos aprobados.
La crisis también ha afectado al personal sanitario, con más de un centenar de trabajadores contagiados, mientras continúan los esfuerzos internacionales para fortalecer la atención médica, ampliar la vigilancia y desarrollar posibles tratamientos contra la enfermedad.