
Estamos alarmados por la escasez de agua en la capital, al punto de recibir el servicio dos veces por mes. En ciertas áreas, que tradicionalmente pertenecen a los llamados corredores secos, la lluvia se ha ausentado al grado que los agricultores no han podido sembrar los granos básicos que son sus alimentos esenciales para subsistir. El agobio que producen los altos costos de los combustibles, como consecuencia del conflicto en Irán, para rematar deriva en una espiral inflacionaria incontrolable que escapa de las autoridades hondureñas. Todo esto se vuelca en contra del bienestar de los hondureños, igual que sucede en casi todos los países, donde una vez que la ola de precios del petróleo se eleva, no hay forma de enfrentarla si no es asumiendo los incrementos. Porque, en esta materia, como dicen los expertos, es de; si o si. O aceptas la situación, o la aceptas y punto.
Todo esto, es natural que provoque crispación a los hondureños, pero, hay algo en especial que debería alertarnos, y sin embargo aunque es tan peligrosa como la inflación por los combustibles, igual que lo es la sequía que está a punto de dejarnos sin el agua que necesitamos para el aseo corporal y demás necesidades, la inmensa mayoría de los hondureños, apenas a lo lejos escuchamos que el estado de la educación en nuestro país es tan deplorable, pero tan deplorable, que las conocidas pruebas PISA, el mecanismo creíble que evalúa los avances, estancamientos y retrocesos de la educación en los países del mundo, ni siquiera se toma la molestia de incluir a nuestro país para revisar nuestra situación educativa, lo cual no es un simple desdén, es un clarísimo desconocimiento como país, por despreocuparse desde hace varias décadas por tener un sistema educativo. PISA es el programa para la evaluación internacional de estudiantes, perteneciente a la Organización para la cooperación y el desarrollo económico. Todos los años PISA realiza pruebas de evaluación a miles de jóvenes que promedian los 15 años, y en las pruebas de aprendizaje del 2025, casi todos los países latinoamericanos tuvieron una caída estrepitosa de rendimiento educativo a nivel general, con un estancamiento espantoso.

Ahora bien, en el caso de nuestro país, el programa de evaluación PISA ni se molesta en incluírnos en la medición, porque como país, para los expertos no tenemos siquiera un sistema educativo que valga la pena someter a evaluación. De los trece países de América Latina que fueron incluídos en la última evaluación PISA, de Centroamérica solo figuran Guatemala, El Salvador y Costa Rica. Honduras y Nicaragua son países lata, lo que equivale a decir que, cambiados por lata, se pierde la lata. No vale la pena gastar en evaluaciones educativas en un país donde ni siquiera hay un sistema educativo. Esa es la interpretación que está a la vista, cuando vemos con tristeza nuestra cruel realidad: ¡somos un país bagazo!
Alguna vez Honduras dió breves destellos por querer incorporarse en el concierto de naciones que luchaban por subirse al tren del desarrollo. Recientemente mencionamos el caso ejemplar de República Dominicana, uno de los países que ha emergido al grado de ser hoy un país competitivo hasta en industria militar de alto nivel. Debemos ver los avances de Guatemala y Costa Rica. El Salvador por ahora es un enigma con el sistema dictatorial de Bukele, pero que, si se propone seguir los pasos de gobiernos como el de Li Kuan Yuh en Singapur, puede dejarnos rezagados en los próximos 20 años que aspira gobernar Nayib Bukele.
Un país donde los gobernantes descuidan la educación, está condenado a vivir en la lipidia, en la extrema pobreza. Y ahora, con el torbellino que es la inteligencia artificial, no hay pais que pueda considerarse una nación feliz, si sus niños y jóvenes están fuera del alcance de los sistemas educativos modernos. Es preocupante el caso de Honduras, cuando vemos que ni siquiera figuramos en la lista de naciones que son objeto de evaluación por parte del Programa para la evaluación internacional de estudiantes. No se nos toma en cuenta porque los organizadores de esas pruebas saben que el sistema educativo hondureño está tan atrasado que no está egresando estudiantes que vale la pena someter a una evaluación seria y rigurosa.
Los resultados de nuestro sistema educativo no pueden medirse en retroceso o estancamiento, sencillamente porque no tenemos un verdadero sistema educativo, Honduras tiene un desorden imperante en lo que pomposamente se llama secretaría de educación, que hace décadas dejó de ser un sistema educativo. La única salvación que tiene Honduras en materia educativa es la educación privada, formada por un núcleo de escuelas bilingües que se han fortalecido en la enseñanza en inglés, egresando un producto escolar de primera calidad, que es bien recibido en las universidades del extranjero. El sistema educativo público actual, es lo contrario, es la efervescencia de la mediocridad. Por supuesto que no siempre fué así, solo que como todas las cosas cuando se les abandona caen en postración, y lo que hoy tenemos en el sistema que egresa la secretaría de educación es una lipidia educativa! Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 10 de septiembre 2026