
Nadie que tenga acceso al internet, o que acuda a cualquiera de las redes sociales para buscar información o enterarse de eventos o situaciones determinadas, pudo escapar del desorden informativo que prevalece en esos canales modernos de la era tecnológica, donde las personas creen que pueden informarse en la forma más inmediata. En realidad, casi todo lo que aparece en las redes sociales genera incertidumbre en todos los terrenos, porque de repente ponen en boca de una eminencia medica consejos sexuales que no corresponden a su formación académica ni a su conducta ética, para recomendar ciertos tratamientos que se han puesto muy de moda en las redes sociales.
Esto es parte del perjuicio del avance de la tecnología puesta al servicio de la comunicación y la información, porque como no hay forma de regular y controlar los contenidos de las redes sociales, como lo citamos al principio, lo que existe en esos conductos modernos es un verdadero «desastre informativo», que genera incertidumbre y desconcierto en todos los ámbitos de la sociedad. La desinformación es lo contrario del buen quehacer periodístico, donde las noticias, las opiniones y los comentarios publicados, calzan la firma de las personas responsables que los emiten.
Muchas personas creen que hasta que surgieron las redes sociales es que existió la libertad de expresión, lo cual es una autentica falacia preñada de ignominia, como decía el ilustre profesor y político, Oswaldo Ramos Soto. Porque si bien es cierto que las personas pueden acudir a ellas sin ninguna cortapisa para emitir sus opiniones, al no haber ningún tipo de control, este sistema deriva a un fenómeno preocupante que implica abrir las compuertas a los irresponsables para que den rienda suelta a una chocarrería llena de vulgaridades, agravios, insultos hasta llegar a la persecución destructiva mediante la destrucción de imagen y dignidad de las personas, sean públicas o privadas.
La desinformación ya es un problema global, que no es como dicen algunos, que busca la «alfabetización mediática», lo que es puras pamplinas, porque a través de este ilimitado, e incontrolado y desenfrenado modelo de comunicación, lo que se ha conseguido es que las personas con las suficientes habilidades destructivas se conviertan en enemigos de la paz social y la tranquilidad de las sociedades. Porque si hay algo que ha destruido la sana convivencia de las sociedades en el mundo, es el gran aparato de desinformación que hay en los gobiernos y en los sectores particulares. Porque, cada sector se ha armado de sus equipos de desinformación, tanto desde los gobiernos, en los partidos políticos como en los demás sectores de la sociedad.
La propagación de rumores y de todo tipo de falsedades está en las redes sociales. Uno no puede creer nada de lo que se publica en las redes sociales, aunque se trate de consejos que en apariencia son saludables, porque cuando se busca la confirmación en fuente seria nos enteramos que el mensaje es un contenido plagado de engaño y falsificación. El problema es la velocidad de difusión con que las redes logran concretar el daño, conocido con el termino técnico «viralización», porque en efecto, toda la sarta de falsedades que alcanza a llegar a miles de personas a través de las redes, hace tanto daño como el más contagioso de los virus.
Así que, nos estamos enfrentando a una especie de terrorismo que se ha vuelto un poderoso aparato del mal, bautizado con la palabra inglesa «fake news», que es la desinformación pura, que a través de las redes se ha convertido en un artificio que aprovecha la ignorancia de una gran parte de la población para tratar con menosprecio a la verdad, porque el objetivo fundamental es destruir la verdad en todas sus formas, de manera de hacer de la mentira un poderoso instrumento. Es la tesis «goebeliana» puesta en práctica por los nazis de Adolfo Hitller a través de su ministro Joseph Goebbels, cuya tesis «repite una mentira mil veces y la convertirás en verdad» es la base de la desinformación a través de los «fake news».
Valgan estas reflexiones, cuando han llegado al país expertos comunicadores que han conceptualizado el poder maléfico de la desinformación, un fenómeno que ha normalizado la distorsión a través de la manipulación de la información, con el objetivo de crear un clima de desconfianza generalizada, un riesgo que la gente puede combatir confiando en los medios tradicionales como la televisión, los periódicos y las emisoras, donde los profesionales que informamos y hacemos opinión, damos la cara y asumimos con responsabilidad todo lo que decimos.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 24 de junio de 2026.