
El episodio grotesco protagonizado por el alcalde de Yuscarán y sus regidores, que, por tratarse de un municipio pequeño, con referencia nacional por tener una fábrica de aguardiente muy famosa desde hace muchos años, no debe pasar como un simple hecho de pueblo, donde el deporte favorito de muchas personas es embriagarse hasta perder la razón. El filmado de la sesión de la comuna de Yuscarán, en la que todos los asistentes parecieran estar bajo los efectos del alcohol, es altamente revelador de las malsanas intenciones de los integrantes de la alcaldía, por la confesión que brotó de la boca de los ediles, cuando el licor se les había subido a la cabeza y hablaban hasta por los codos.
Si el alcalde «yuscateco» y sus compañeros munícipes hubieran disfrutado la farra en cualquier otro lugar, a lo mejor el hecho no hubiera trascendido. Pero, borrachos de poder como han estado muchos funcionarios desde que ganaron la elección, ocuparon sin ningún reparo las instalaciones de la alcaldía de la ciudad y allí dieron rienda suelta al consumo de licor, prolongando la celebración hasta perder los estribos, al grado que el alcalde se expuso «pecho abierto» proponiendo mociones que demandaban que sus compañeros de comuna levantaran la mano para la aprobación; una de ellas, según ha trascendido, es meter las manos sin pudor en las próximas transferencias que reciba la alcaldía para refrescar sus propios bolsillos. Esto hizo de aquella sesión de la alcaldía de Yuscarán, más que un simple jolgorio adornado con una «cerveceada», lo que bien podría calificarse de un robo de los recursos que les concede el gobierno.para el bienestar de los ciudadanos.
Lo de Yuscarán, apenas es una pequeña borrachera de poder, porque hay otras que se llevan la cerca. Por ejemplo, que se hayan gastado 6 mil millones de lempiras en el bono tecnológico, sin rendir cuentas, sobrepasa los límites del abuso. Si de esta montaña de dinero, 6 mil millones de lempiras, no se rindió cuentas en ningún momento, aquí no hubo una simple farra, esto fué un saqueo de dineros públicos a mansalva. Solo en un país desordenado como el nuestro, ocurre que en una administración se use tanto dinero, supuestamente para favorecer a ciertos sectores de la nación, sin que se haga la correspondiente rendición de cuentas. Esto es más que una borrachera de poder, porque para robarse los dineros públicos no se necesita estar ebrio, más bien los más ladrones del erario público lo hacen en estado de conciencia. Roban en sus cinco sentidos, porque de esa forma roban más.
Las borracheras de poder son muy frecuentes en Honduras en los más altos niveles; los grandes saqueos por lo general ocurren en las instancias más altas, porque como los que cometen actos de corrupción no son ejemplarmente castigados, la impunidad campea, entonces la impunidad más bien es un aliciente y un estímulo para que se cometan más actos corruptos. La impunidad y la corrupción tienen un común denominador que es la amoralidad. Sin embargo no quiere decir que la farra municipal organizada en la alcaldía de Yuscarán sea tan poca cosa que no amerite que los órganos del Estado activen los mecanismos de investigación. Claro que hay que proceder. Deben hacerlo el MIisterio Público y el Tribunal Superior de Cuentas, para deducir responsabilidades a través de la ruta correspondiente.
Celebrar reuniones en un cabildo municipal, departiendo con bebidas alcohólicas, es parte de la conducta amoral que no pueden consentir los órganos del Estado, que tienen la misión de que los funcionarios públicos de todos los niveles se desempeñen con respeto a la ley, a la moral y a las buenas costumbres en el cumplimiento de sus funciones. La falta de respeto a la investidura, es a la vez un irrespeto a los electores y al país, por lo que la maña de comportarse en un cabildo, igual que cuando se está en una cantina, debe generar procesos para castigar a los desalmados que, como en la «aguardientosa»sesión de la alcaldía de Yuscarán, no solo satisfacían su derecho a empinar el codo, sino que entre trago y trago planeaban como robarse las próximas transferencias. Es decir, bolos los ediles de Yuscarán, pero en medio de la borrachera no se atrasaban en planear cómo quedarse con una fuerte suma de las próximas transferencias.
Aunque los ediles yuscatecos estaban «tragueados» no pueden alegar inocencia que, por estar fuera de sus cabales, cuando en el calor del licor hablaban de robarse parte de las transferencias que les hace el gobierno, lo que prima es la intención confesa de cometer un delito en perjuicio del municipio de Yuscarán y del Estado de Honduras. En pocas palabras, tanto al alcalde de Yuscarán como a sus compinches de parranda, les esperan algunos años de prisión, no tanto por la borrachera irrespetuosa del recinto municipal, sino por las intenciones confesa de robar dineros públicos. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 13 de julio 2026