
El mal sabor y la pésima actitud de los diputados liberales que percibieron una prebenda injustificada del Gobierno del Presidente Asfura, es un vicio inveterado en la política hondureña que data de la época del dictador Tiburcio Carías, quien fue creador de las ayudas a gobernadores, alcaldes y diputados. Durante su mandato extendido de más de quince años, y que fuera una forma de compra de voluntades de las autoridades locales y diputados para tener su respaldo permanente a su gobierno. Carias fue el iniciador de los llamados subsidios, dinero que entregaba a diputados, alcaldes y gobernadores para que hicieran obras en sus localidades a nombre del gobierno. Como es obvio, muchos de esos funcionarios usaban el dinero recibido del gobierno para su beneficio personal.
Lo malo es que llegamos a los tiempos recientes y desde el Congreso Nacional se ha seguido practicando la entrega de subsidios, una costumbre ilegal desde todo punto de vista, porque los diputados son legisladores y en ninguna ley están facultados para actuar como sustitutos de los organismos del gobierno que tienen entre sus funciones, invertir parte de sus presupuestos en las soluciones integrales de infraestructuras como calles, caminos, puentes, aulas escolares, fuentes de agua potable, instalaciones eléctricas, etc. Para llevar a cabo las distintas obras que contribuyen al bienestar de los habitantes de los diferentes municipios están las secretarias del Gobierno de la República, a las que se les asigna parte del presupuesto nacional para invertir en obras de desarrollo local y regional.
La creación del llamado «Fondo Departamental» fue un despropósito que sirvió para disfrazar la entrega de subsidios a los diputados, fondos que no fueron auditados debidamente y que bien pudieron tener otro destino que no fuera el de resolver problemas en las comunidades. El pueblo hondureño detesta el aprovechamiento de ciertos políticos en el uso de los dineros públicos, que comienza desde la petición vulgar de solicitar fondos a la Presidencia de la República para ciertas fechas festivas, en una incongruencia ingrata que no compagina con la necesidad nacional, hasta las asignaciones mensuales que perciben como subsidios en el Congreso Nacional.
El fin de semana visitamos la guardería infantil «Julieta de Kattán» en el Valle de Sula, donde se alberga a niños que además del cuidado que se les da en el centro, reciben educación bilingüe, tres tiempos de comida y dos meriendas al día, cuidado médico y odontológico. Los padres, que corresponden el beneficio a sus niños con una suma módica para ayudar a sostener la guardería, pueden confiar que sus hijos egresaran con una educación bilingüe de primera clase. Esas cuantiosas sumas de dinero que perciben los diputados deben ser destinadas a estos esfuerzos que hace la sociedad a través de fundaciones como la guardería que lleva el nombre de la recordada dama altruista Julieta de Kattan.
Los diputados que, a lo largo de la historia, no han gozado de una buena reputación, deben recapacitar y modificar sus conductas. Percibir dinero extra en el Congreso y en el Poder Ejecutivo, los sigue retratando muy mal, los exhibe como oportunistas y aprovechados, y si hay personas a las que el pueblo repudia, es a los oportunistas y a los aprovechados. Pero, también los gobernantes deben observar un comportamiento igual, los dineros públicos no deben ser destinados a las complacencias palaciegas ni a la compra de conciencias, que es lo que impera, cuando desde Casa Presidencial se atiende las peticiones pedigüeñas como esta última de los 100 mil lempiras a diputados liberales, un hecho lamentable y bochornoso, que avergüenza al Partido Liberal, que no se merece esta conducta rastrera y bajuna.
Pero, el reclamo también es para el gobernante, que no está obligado a estar complaciendo las peticiones de ciertos diputados, porque los fondos a disposición de las partidas del Presidente, deben estar destinados para cumplir fines nobles que sirvan a los sectores más necesitados como son los niños que hemos visto en la guardería sampedrana. En este caso hay dos sectores pecadores: pecan los diputados pedigüeños por pedir dinero a Casa Presidencial, pero también peca el gobierno por entregar dádivas a los diputados para mantenerlos de su lado. Parodiando a las célebres Redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz, vale preguntarse en este caso: ¿quien peca más? ¿el que peca por la paga, o el que paga por pecar?
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 13 de abril de 2026.