
El Observatorio de la Violencia de la UNAH (OV-UNAH) ha encendido las alarmas al revelar que, en apenas cuatro meses, 84 mujeres han perdido la vida de forma violenta en Honduras. Sin embargo, más allá de la fría estadística, la directora del organismo, Migdonia Ayestas, denunció una preocupante evolución en la crueldad de los crímenes: el uso de la decapitación, la violencia sexual y la incineración de los cuerpos como mensajes de odio.
El enemigo duerme en casa
Ayestas desmitificó la creencia de que estas muertes están vinculadas principalmente al crimen organizado. Según los datos del Observatorio, el 62% de los casos son feminicidios puros, donde los victimarios son personas del entorno íntimo: parejas, exparejas o amigos cercanos. «El problema no es el narcotráfico, es una estructura de odio y celos que termina en tragedia», enfatizó.
Una tendencia al alza
Con un cierre de 265 víctimas en 2025, el ritmo actual de muertes violentas sugiere que 2026 podría superar las cifras del año anterior si no se implementan correctivos inmediatos. La experta fue enfática al señalar que la solución no solo es policial, sino educativa y política, exigiendo al Gobierno el diseño de políticas públicas que no solo castiguen al culpable, sino que prevengan el ataque antes de que ocurra.