
Entre velas encendidas, cantos, oraciones y muestras de profundo cariño, la feligresía católica de distintos municipios acompañó el emotivo traslado de los restos de monseñor Teodoro Gómez, obispo de la Diócesis de Choluteca, quien regresó a Honduras para recibir el último adiós de su pueblo.
Desde su llegada al Aeropuerto Internacional Palmerola, las muestras de afecto fueron evidentes. Miembros del Camino Neocatecumenal recibieron el féretro con cánticos, mientras que a lo largo de la ruta hacia el sur del país, numerosas comunidades salieron a las calles. Ni la madrugada ni la fuerte lluvia impidieron que los fieles permanecieran a la espera de la caravana fúnebre.

En Nacaome, jóvenes de la Pastoral Juvenil de la parroquia San José se congregaron para recibir al jerarca católico. En Langue, Goascorán y Caridad, pobladores locales se hicieron presentes con rosarios y expresiones de gratitud. La solidaridad trascendió fronteras diocesanas cuando la feligresía de Comayagua se sumó también al homenaje póstumo.
Actualmente, los restos de monseñor Gómez son velados en el Instituto Santa María Goretti de Choluteca. Durante miércoles y jueves se llevarán a cabo misas, celebraciones de la Palabra y rosarios, con la participación del obispo emérito Guido Charbonneau y el clero diocesano. Posteriormente, recibirá sepultura en la Catedral de la Inmaculada Concepción.
Recordado como el quinto obispo de la diócesis y el primer hondureño nativo en ocupar el cargo, su partida deja un vacío profundo. El sur de Honduras despide así a su guía espiritual con una inquebrantable manifestación de fe y eterno agradecimiento.