
El fantasma de los homicidios múltiples mantiene de rodillas a la sociedad hondureña en este primer semestre de 2026. La coordinadora del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH), Migdonia Ayestas, advirtió este miércoles que el país registra un alarmante repunte en la ferocidad de los ataques armados, contabilizando a la fecha 15 escenas de muertes múltiples con un saldo trágico de 72 víctimas mortales.
Ayestas detalló que la última masacre que terminó de disparar las alarmas científicas ocurrió en la zona norte del país, específicamente en El Progreso, Yoro (conocida como «La Perla del Ulúa»), donde un grupo de estudiantes de educación secundaria fue acribillado a balazos.
Con este suceso, el índice de letalidad superó drásticamente el comportamiento del año pasado. Al hacer un corte comparativo con el 30 de mayo de 2025, el año anterior registraba 16 escenas pero con 57 fallecidos, lo que demuestra que las estructuras criminales operan en 2026 con un nivel de violencia mucho más agresivo y concentrado. Del total de fallecidos reportados este año, ocho de las víctimas son mujeres.
Miedo colectivo y debilidad estructural: La experta de la máxima casa de estudios lamentó que la impunidad en estos casos perpetúe un estado de zozobra e indefensión en la población civil. “Esto genera miedo colectivo y aumenta la percepción de inseguridad. La gente se asusta de ver tantos muertos y escenas del crimen con tres o más víctimas”, manifestó.
El monitoreo del OV-UNAH identifica tres grupos ocupacionales y sociales que están pagando la cuota más alta de sangre en este ciclo de violencia: miembros de la Policía Nacional, estudiantes de colegios y campesinos de la conflictiva zona del Bajo Aguán. Según Ayestas, la vulnerabilidad de estos sectores refleja las profundas fallas estructurales que el Gobierno central no ha podido solucionar, tales como la pobreza extrema, el desempleo generalizado y las severas deficiencias del sistema educativo público.