
Apenas puso un pie en Ankara para la cumbre de la OTAN, el presidente de EE. UU., Donald Trump, desató un terremoto político al arremeter ferozmente contra sus aliados europeos y coquetear abiertamente con el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan.
Tras aterrizar en el Air Force One, Trump se reunió en el complejo presidencial de Bestepe con Erdogan, donde confesó estar «muy decepcionado» de la Alianza Atlántica y lanzó duras acusaciones contra las principales potencias occidentales. “Italia nos rechazó, Alemania nos rechazó y Francia nos rechazó”, sentenció con amargura el republicano, reprochándoles su falta de apoyo en la guerra contra Irán y asegurando de forma desafiante que solo asistió a la cumbre porque se celebraba en suelo turco.
La tensión escaló a niveles máximos cuando Trump calificó a Turquía de ser «mucho más leal» que sus socios tradicionales de la OTAN, abriendo la puerta a levantar el histórico veto que pesa sobre Ankara para adquirir los avanzados aviones de combate F-35; una sanción impuesta en 2019 luego de que Erdogan comprara sistemas de defensa rusos.
Mientras el líder turco celebraba una «promesa personal» de Trump sobre los cazas, el mandatario estadounidense remató la jornada resucitando su polémica ambición de controlar Groenlandia. Trump justificó su postura afirmando que el territorio danés está rodeado de barcos chinos y rusos, y que Dinamarca no gasta dinero en él, un dardo directo que promete convertir la cumbre en un auténtico campo de batalla diplomático.