
Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos admitieron de forma pública el despliegue de capacidades armamentísticas de control en el espacio exterior y advirtieron sobre la necesidad operativa de prepararse para eventuales conflictos armados que se extiendan hasta el entorno cislunar, abarcando desde las proximidades de la Tierra hasta la órbita de la Luna.

Durante una conferencia de la industria militar celebrada en las cercanías de Washington, el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, sostuvo que la preparación estratégica del Pentágono debe cubrir «desde el fondo marino hasta el espacio cislunar». En el mismo evento, el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, confirmó de forma explícita que Washington ya cuenta con «capacidades de control espacial en órbita» destinadas a contrarrestar acciones hostiles contra sus activos, aunque evitó precisar el número o las características técnicas de dichos sistemas.


Por su parte, el teniente general Gregory Gagnon, comandante de las fuerzas de combate de la Fuerza Espacial, señaló que la inteligencia militar ha detectado avances significativos de naciones competidoras, destacando la reestructuración militar efectuada por China en 2024 para operaciones en el espacio. Como contrapartida, el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Guo Jiakun, reiteró que su país promueve el uso estrictamente pacífico del espacio y se opone a la militarización u orquestación de una carrera armamentística orbital.

Marco jurídico internacional y metas de expansión
Esta revelación pone de relieve los límites del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, norma internacional que prohíbe el emplazamiento de armas de destrucción masiva y nucleares en cuerpos celestes, pero que deja vacíos regulatorios en torno a la instalación de armamento convencional en la órbita terrestre.