
Europa enfrenta un aumento sin precedentes de las olas de calor y las sequías, con junio de 2026 como el mes más caluroso registrado en Europa occidental.
Países como Francia, España, Alemania, Hungría y Reino Unido han reportado temperaturas récord y graves impactos ambientales y sanitarios.
Una investigación de científicos de la Universidad de Leipzig, publicada en Nature Geoscience, señala que alrededor del 55 % de la tendencia hacia veranos más secos desde 1980 está relacionada con cambios en los patrones de circulación atmosférica.
El estudio identifica un incremento en la frecuencia y persistencia de sistemas de alta presión, que reducen las precipitaciones y favorecen periodos prolongados de sequía.
Aunque el calentamiento global también contribuye al fenómeno, los cambios en la presión atmosférica influyen en la intensidad y distribución regional de los eventos extremos.
Los efectos ya se reflejan en la agricultura, el riesgo de incendios forestales, los ecosistemas y los sistemas energéticos. Los científicos advierten que la evolución futura dependerá de si las alteraciones en la circulación atmosférica son temporales o forman parte de una tendencia vinculada al cambio climático.