
Los ataques con drones de Ucrania contra instalaciones petroleras de Rusia han generado una crisis de abastecimiento de combustible que afecta a más de 50 millones de personas, con restricciones de venta, largas filas y racionamientos en decenas de regiones del país.
La ofensiva aérea de Kiev golpeó varias refinerías y centros energéticos estratégicos, incluyendo algunas de las mayores instalaciones de procesamiento de petróleo ruso.
La presión sobre la infraestructura aumentó desde mayo y provocó dificultades para mantener el suministro interno de gasolina.
La situación obligó al presidente Vladimir Putin a reconocer la existencia de problemas de abastecimiento, mientras autoridades regionales aplicaron medidas como límites de compra, venta mediante cupones y restricciones según la demanda local.
El Kremlin anunció acciones para enfrentar la escasez, entre ellas el aumento de importaciones de combustibles refinados y la suspensión temporal de exportaciones de diésel. Sin embargo, la crisis refleja cómo el conflicto con Ucrania empieza a tener mayores efectos dentro del territorio ruso.