
El desfile de atrocidades cometidas en el gobierno del PLR, que poco a poco van apareciendo en la prensa nacional nos confirma que los hondureños estuvimos regidos por un desgobierno esperpéntico, donde se mantuvo en todos los niveles, una suerte de tómbola de saqueos de todos los tamaños. En el gobierno del PLR hubo una especie de morbosa atracción delictiva, donde hay responsables en casi todos los sectores públicos. Lo que aconteció en los tres gobiernos nacionalistas que abarcaron doce años de administración, se queda en miniatura cuando vemos el saqueo monumental, que no es algo que divierta a los hondureños, pero hasta en el sector educativo la cabeza del sistema que es el titular de la Secretaría de Educación, ha sido señalado de cometer acciones de aprovechamiento.
El gobierno del PLR es el retrato o una cruda radiografía donde está reflejada un período de cuatro años de corrupción admitida por la élite gubernamental como algo normal, porque, como hemos sostenido el asunto de LIBRE es que todos sabían que eran corruptos, pero irónicamente se consideraban corruptos honrados, que como seguirían en el poder a perpetuidad nadie les iba a pedir rendición de cuentas. Y ahora, al estar acusados tanto por los órganos de sociedad civil, por la opinión pública, como por el propio Ministerio Público, que ha iniciado el proceso de requerimiento a usurpadores y abusadores de poder, empiezan con sus clásicas reapariciones públicas, creyendo que al volver a colocarse en el plato de la política, como ya vimos al usurpador Luis Redondo, podrán ocultar su conducta abusiva, aunque ya el Ministerio Público comienza ponerlos al descubierto, bajo la luz de la justicia.
En la medida que avancen las investigaciones del Ministerio Público, se ira poniendo de manifiesto la existencia de un entramado estructural, todavía peor que el aparato sistémico que le causo mucho daño a Honduras, y el desgobierno de LIBRE (PLR) solo nos confirmó que la corrupción no es un incidente que se le puede achacar solo al Partido Nacional o al Partido Liberal, sino que es una regla, un método, un estilo de abusar de los recursos públicos como si fueran suyos. Comenzaron en el PLR con el nepotismo, la evidencia de que la elite del PLR quería que la mayor parte de sus familiares y amigos aprovecharan el poder para enriquecerse.
En el PLR no solo es el nepotismo en todo el gobierno, o la usurpación de la directiva del Congreso Nacional, es que todo el gobierno se desarrolló como una palanca de enriquecimiento de una banda organizada a la sombra del coordinador general del PLR, para que todos pudieran meter las manos en el erario público y enriquecerse lo mejor que pudieran. Hasta el que parecía el funcionario más inocente, el titular de Educación, ha sido señalado como otro miembro de la banda gubernamental. El caso es que la usurpación del Congreso Nacional, es solo un fragmento de la extensa red de saqueo urdida en el entorno más próximo del gobierno y, ramificado a través de varios ministerios, organismos y empresas del gobierno, con serias sospechas de haberse extendido también al seno de los otros poderes del Estado y sus respectivos aparatos financieros.
En resumen, el gobierno del PLR resulto ser un gobierno putrefacto, o como dice el común de los hondureños, un gobierno podrido. El asunto es que, estando ya regidos por un gobierno que responde al modelo democrático normal, los hondureños no queremos que en el gobierno de Nasry Asfura, que apenas lleva unos pocos meses al frente de la administración pública, se pudieran repetir los mismos hechos bochornosos que se dieron en las pasadas administraciones nacionalistas, ni mucho menos soportaremos que el actual resulte ser un gobierno de corruptos y corruptores, que no utilicen los despachos de la administración pública como plataforma, o como patrimonio particular para explotarlos recursos públicos sin remordimiento ni reparos, ante la absoluta y llamativa ausencia de controles y mecanismos capaces de evitarlo, como se permitió en los cuatro años del gobierno de Xiomara Castro el saqueo del erario público.
Si en este nuevo gobierno que preside don Nasry Asfura por el Partido Nacional, se llegaran a cometer anomalías como las que se le están descubriendo al gobierno del PLR, la probable reacción condenatoria de los hondureños podría precipitar dos consecuencias. La primera sería un llamamiento de la sociedad civil y del régimen de opinión pública independiente para provocar un llamado a un posible revocatorio, que no debe descartarse, porque el pasado 30 noviembre la inmensa mayoria de los hondureños dejo los temores a un lado y se lanzó a las urnas para sacar al Partido LIBRE del poder. La segunda, que sería la más dramática, es que al trascender salpicaduras directas o indirectas de futuros nuevos escándalos que comprometieran al gobierno del presidente Asfura, sería el pueblo hondureño el que presente una iniciativa ante el Congreso Nacional para exigir la deposición del gobierno. A estos extremos no quisiéramos llegar, y ojalá que no, pero podría ocurrir si llegaran a trascender actos desvergonzados de corrupción de funcionarios o personajes politicos que han perdido todo atisbo de vergüenza.
Honduras se merece un modelo de gobierno que a la vez que sea transparente, sea eficiente y honrado en el manejo de la cosa pública. Aunque esto es bastante pedir en Honduras, los hondureños demostramos el 30 de noviembre pasado, cuando sacamos a LIBRE del poder, que somos un país con ciudadanos cada vez más exigentes con la clase gobernante.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 18 de mayo de 2026.