
Dice la leyenda que el pintor griego «Zeuzis» murió de un ataque de risa ocasionado por la contemplación de una ridícula y deforme caricatura que él mismo se había dibujado. El genial caricaturista español Mingote, ya fallecido, a quien disfrutamos por muchos años en las páginas de nuestro periódico madrileño favorito, ABC de Madrid, se refería a la anécdota, ensalzándola como prueba de la gracia con la que solían caricaturizar los maestros griegos de la sátira. En el desaparecido periódico semanal, EL CRONISTA DOMINICAL, el genial caricaturista hondureño Mito Bertrand Anduray, publicaba todos los domingos su personaje Juan Pueblo, el típico catracho con melena puntiaguda, un tanto erizada, que todos los fines de semana nos ofrecía una semblanza crítica que terminaba sacándonos una carcajada, de ver como Juan Pueblo se reía de los jefes militares y de los políticos de entonces.
En cierta ocasión, el famoso adivino griego «Calcas» no le hizo caso a un mendigo que le advirtió que no bebiera vino de su propia viña, y acto seguido ordenó que llamaran al mendigo y riéndose en sus propias barbas, al empinarse una copa de vino de su cosecha, antes de dar el primer sorbo, le sobrevino tal carcajada que se le rompió una vena y murió de apoplejía. Además, Diógenes, el hombre de la lámpara, que escribió más de 700 libros, en uno de ellos contó que «Crisipo», murió de un ataque de risa al ver a un asno, un burro, comerse unos higos y beber una botella de vino generoso. Esto último que les contaremos es verídico: el famoso poeta italiano «Aretino» mientras escuchaba las perras de supuestas galanterías que le contaba su hermano, se rió con tan compulsivas carcajadas, que se cayó del sillón y alli mismo murió.
Morirse de risa o morirse de la risa, es sinónimo de burla. Para el caso, que en la audiencia de declaración de imputado contra Roosevelt Hernández, prevista para este miércoles 19 de agosto, se diga, que de nuevo será reprogramada debido a irregularidades en la foliación del expediente, es algo cómico, como para morirse de la risa. Aunque hace muchos años nos alejamos de la procuración al cerrar nuestra oficina legal, recordamos como si fuera ayer, cuando en las aulas de la vieja Facultad de Derecho, nuestro recordado profesor de Teoría General del Proceso, Adolfo León Gómez, nos reiteraba tener el cuidado necesario e indispensable con el titulo del escrito, de no cometer un error en el enunciado del documento, porque el receptor del juzgado lo rechazaría anotando la breve expresión: «rechazado por ineptitud de libelo», que significa que el autor del documento desconoce como formular siquiera el titulo. Y otro profesor de la recordada Facultad de Derecho, el distinguido Notario don Tulio García Cálix, en tono burlesco nos advertía que tuviéramos cuidado con la numeración de los folios, porque a veces por descuido, por asunto de prisa, por ignorancia o por malicia para interrumpir el debido proceso, ciertos abogados y funcionarios judiciales, en forma adrede alteran los números de los folios, con lo cual el expediente debe regresar al tribunal para hacer la correspondiente rectificación, lo cual lleva tiempo y si se hace para retrasar el juicio y ganar tiempo, es porque así le conviene a la parte imputada.
Algo así es lo que ha pasado con el expediente mal foliado en el juicio contra Roosevelt Hernández. Su abogado se las sabe de todas, todas, y se las ingenió como un verdadero «mago» para evitar que su cliente comparezca ante el juzgado de letras de lo penal, porque la otra parte que somos los periodistas agraviados por Roosevelt, estamos dispuestos a comparecer y nuestra presencia de repente solo servirá en el juzgado para que el secretario nos haga firmar de nuevo la reprogramación de la cita judicial, para una nueva fecha a la que tampoco comparecerá el señor Roosevelt Hernández, porque es tan obvio como que Libre fué barrido en las elecciones, que lo que busca el ex jefe militar es no comparecer ante la justicia, porque así se lo han pedido en su partido, el PLR.
Eso de que hubo irregularidades en la foliación del expediente contra Roosevelt Hernández, es como para morirse de la risa, Habría que regresar a las aulas de la facultad de Derecho, tanto al abogado de Roosevelt como a los funcionarios de los tribunales, porque, lo que es evidente, es que hay toda una confabulación, entre unos y otros, para proteger a Roosevelt Hernández y evitar que este comparezca ante el tribunal, para que prosiga el debido proceso, en el que Roosevelt podría ser penalizado, entre otras penas, con la inhabilitación política, en por lo menos 5 años en los que no podrá postularse ni para guardián de la caseta de sus perros.
Si los profesores Adolfo León Gómez y Tulio Garcia Cálix estuvieran vivos, estarían muertos de la risa, viendo como estos mañosos que tienen arte para distorsionar el debido proceso, se ganarían de forma muy merecida, la deshonrosa calificación de ineptos, con el membrete: » se rechaza el documento por ineptitud de libelo». Y, en nuestros tiempos en la escuela de leyes, quienes incurrían en esta falta, por lo general eran los peores estudiantes. Asi son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 18 de agosto 2026
