
Ahora que los hondureños estamos viendo al Ministerio Público, tomar acciones contra el ex jefe militar Roosevelt Hernandez, cuya conducta al frente de las FFAA estuvo caracterizada por el abuso de poder y violación a la Constitucion, es oportuno reflexionar sobre los límites del poder que la Ley le impone a los funcionarios, sean civiles o militares, porque muchas personas al desempeñar un alto cargo, como es el caso del señor Roosevelt Hernández, se consideran dioses, ungidos con poder ilimitado, que los lleva a creer que están por encima de las instituciones. Roosvelt Hernández se mostró como un militar endiosado, su llegada al CNE en el proceso electoral del 2025, derrochando altanería en el trato grosero a la Presidente del CNE, Cosette López, está grabada en los sitios virtuales, y su gritería de barriada al ofrecer declaraciones, lo exhibió como un verdadero patán.
El comportamiento animal descubre a una persona, cuando desde un alto cargo como el que desempeñaba Roosevelt Hernandez, creyendo que al estar en las alturas desde las cuales podía pisotear a la Constitución, le concedía la potestad de ultrajar a una funcionaria, a la que por ley estaba supeditado, pero que, en ese momento se encontraba indefensa, frente a un regimiento militar del que se hizo acompañar Roosevelt Hernández, para hacer sentir pequeña a la Presidente del CNE, que en ese instante era su jefe superior. Esto le pasa a una persona que ha sido incoherente en su vida humana y profesional, como se le ha visto a Roosevelt Hernpandez, que traicionando a las FFAA, desde su alto cargo, las utilizó para servirse personalmente y servir a propósitos políticos a través del PLR.
Desde el punto de vista de la libertad, el poder de la autoridad es necesario para la convivencia, pero, el ejercicio del mismo está limitado conforme las restricciones de las normas y leyes, para que autoridades y ciudadanos podamos vivir juntos y realizar todas las actividades en condición de respeto mutuo. Cuando una autoridad se extralimita en el uso del poder, el funcionario pierde legitimidad y respeto de los ciudadanos. Todo funcionario que abusa del poder, sin que pueda justificar su transgresión, queda expuesto a que los organismos institiucionales que velan por los derechos de los ciudadanos, procedan en su contra para aplicarle la ley. El poder de una autoridad no puede consistir en la mera «fuerza», tiene que fundarse en la aplicación y en el cumplimiento de la Ley. No estamos en los viejos tiempos de la edad media cuando los que mandaban tenían derecho a mandar, y si se equivocaban y abusaban seguian mandando, porque para eso eran la autoridad.
En todas las situaciones en que se da el abuso de poder, algunas veces con arrogancia y petulancia, otras veces con el uso de la violencia verbal y física, siempre hay un factor parachoque que evita que la autoridad abusiva se salga con la suya en desmedro de los ciudadanos. Como siempre se da la posibilidad del abuso de poder, en ciertos ramos como el militar hay una forma nueva, particularmente insidiosa y grave de abuso de poder, que es lo que se llama totalitarismo, cuya peculiaridad consiste en que no se ejerce solo en ciertos campos que interesan al que lo ejerce, sino que se extiende a todo. En el caso de Roosevelt Hernández es que, no solo era grosero en los cuarteles, sino que su grosería la llevó a un campo minado para los militares en el período electoral, como es el Consejo Nacional de elecciones. He aquí la importancia de la cuestión de los límites del poder, ya que la propensión de un militar abusivo y grosero como demostró ser Roosvelt Hernpandez, es la de extralimitarse al creer que el país giraba a su alrededor y que todos los hondureños estábamos obligados a lustrarle los botines.
No solo han existido si no que todavia existen funcionarios y estados totalitarios. Si esto se mira con indiferencia o con temor, los funcionarios abusivos como Roosevelt, se creerán con todo el derecho a intervenir en todo, y regular todas las dimensiones del país a su estilo arbitrario y abusivo. Roosevelt quizás pensó que su proceder abusivo era un atributo irrenunciable, porque los demás le tenían miedo, Si esto se olvida o se niega, de aqui en adelante sobrevendrá el abuso de poder de funcionarios civiles y militares.
Los ciudadanos y las instituciones como el Ministerio Público, lo mismo que los jueces y magistrados, no pueden darse el lujo de conceder a los funcionarios abusivos el suficiente poder como para rebasar los límites de la Ley. Lo cual no significa que el poder del funcionario sea escaso o débil. Se trata de que, a un funcionario abusivo y totalitario no se le debe permitir que se comporte groseramente en las diversas formas de impunidad, desorden o anarquía. Los límites al poder del funcionario, sea civil o militar están establecidos en las leyes. Por eso resulta ejemplar que a Roosevelt Hernández la autoridad civil le deduzca responsabilidades por transgredir la libertad de expresión, contemplada en la carta de los derechos humanos de las Naciones Unidas, con el hermoso postulado: «la libertad de expresión es la más grande expresión de la libertad, y solo puede ser conculcada por funcionarios y gobiernos despóticos». Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 31 de julio 2026