
Imitar la megacárcel de Nayib Bukele es la propuesta más aplaudida por varios gobiernos, incluyendo el de Honduras, pero al mismo tiempo, es la que más problemas legales esconde. ¿Qué implica que el gobierno de Nasry Asfura imite el modelo de Bukele? En primer lugar miremos lo que funciona del modelo Bukele, y porqué la gente lo admira. En El Salvador bajó la tasa de homicidios de 106 a 100 mil en tres años. Bukele pregona que su gobierno logró el control total territorial, mientras que en Honduras, en varios municipios, las autoridades han perdido el control frente a las maras. Una megacárcel de 40 mil reos le cuesta al gobierno salvadoreño 115 millones de dólares, y opera con 600 custodios. En Honduras mantener 21 mil reos en 25 cárceles colapsadas, nos cuesta mucho más y con más fugas y masacres internas.
Una de las razones por la que Honduras no puede copiar el modelo de Bukele, es que este suspendió todas las garantías por 3 años consecutivos. En Honduras no se puede hacer un modelo igual sin reformar la Constitución y sin dejar de enfrentar a la Corte Suprema de Justicia y a organismos internacionales como la ONU y la OEA. El modelo CECOT de Bukele no está avalado por los convenios internacionales de derechos humanos. Si el gobierno hondureño llegara a necesitar recursos del BID, BM o la CAF para hacer posible la obra, esos organismos exigen cumplir las famosas reglas»Nelson Mandela», o sea no financian ni prestan para una cárcel de ese tipo.

En El Salvador tienen más de 90 mil reos detenidos bajo un régimen autoritario, en Honduras el sistema judicial mantiene a casi el 50 % de los presos sin condena. Si se llegara a detener a 10 mil reos más sin juicio, al Estado hondureño le lloverían las demandas en la Corte internacional de derechos humanos y sería obligado a pagar indemnizaciones millonarias. Ahora, lo que si podría hacer el gobierno hondureño sin copiar al ciento por ciento el modelo de megacárcel de Bukele es, como muy bien lo expresó el Ministro de Defensa, hacer un reordenamiento penitenciario, más o menos de la siguiente manera: hacer una verdadera cárcel de máxima seguridad para 2500 extorsionadores y cabecillas, sea en Olancho o El Porvenir, aislados, sin señal telefónica, sin visitas conyugales, con régimen especial, que eso si lo permiten las leyes hondureñas.
De igual manera se podría convertir las cárceles de Támara y La Tolva en cárceles de mediana seguridad para reos rehabilitables.Y lo más importante que es, separar a los reos. Hoy, en la misma celda hay extorsionadores de la MS con ladrones comúnes. Eso es la universidad del crímen, funcionando dentro de una cárcel. Imitar a Bukele construyendo una megacárcel es fácil. Imitarlo, manteniendo el orden dentro de la instalación carcelaria y sosteniéndolo legalmente, es lo dificil. Si el gobierno de Asfura llegara a construir una megacárcel para 40 mil reos, sin duda que al principio tendrá una aprobación masiva de los ciudadanos, pero a los pocos meses estaría curtido de demandas en el exterior. En cambio, si adecúa una verdadera cárcel de máxima seguridad para unos 2500 cabecillas reales, sin hacer mucho circo, con bloqueo real de señal y trabajo obligatorio, puede reducir la extorsión en 6 meses, sin quebrantar la Constitución y sin el riesgo de demandas internacionales.
Porque en la realidad de El Salvador, Bukele no redujo los homicidios solo con la megacárcel. Los bajó porque con el régimen de excepción le quitó el dinero a las maras. En Honduras la extorsión moviliza 18 mil millones de lempiras al año, según los datos proporcionados por ASJ. Mientras ese dinero siga circulando el gobierno podría hacer 5 megacárceles, pero sin las medidas de control los jefes de las maras seguirían mandando desde adentro por medio de los what sap. No necesitamos una megacárcel para que no funcione, necesitamos cárceles que dejen de ser call center de la extorsión.
El Salvador ahora tiene 95% menos de homicidios que Honduras, donde hay el doble de policías por habitante. No es cuestión de magia, es asunto de presencia del Estado. La conclusión es que en Honduras no necesitamos copiar la megacárcel de Bukele, necesitamos copiar la presencia. Esto se explica, porque las cárceles que se construyeron fueron cárceles de concreto, pero no de control. Fueron muros caros, con señal telefónica libre adentro. Rebatir la importación del modelo de BUkele no es paranoia, es cosa de geopolitica. Nuestros politicos tienen que razonar: Bukele no necesita enviar soldados a Honduras para imponerse como genio, le basta conque en los mismos sectores politicos digan a menudo que quieren un Bukele en Honduras. Y por si no intuyen, cada vez que alguien implora lo que hace Bukele, el presidente salvadoreño gana influencia en Honduras sin mover un dedo. No debe preocuparnos Bukele, lo que debe preocuparnos es que Honduras no tenga su propio plan.
Y sobre todo, lo que no saben los politicos hondureños es que El Salvador está ahogado en deudas y necesita expandir su mercado de seguridad a otros países. Les dejo de tarea: ¿adivinen quien quiere vender el software, los inhibidores de cámaras y la asesoria para hacer la megárcel hondureña? Alli me cuentan después. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 19 de octubre 2026