
Pudiera ser que a muchas personas les extrañe, y hasta se pregunten, ¿porqué teniendo yo, ascendencia china, me pronuncio en contra de la invasión de ciudadanos chinos a Honduras? Hasta podrían considerar que mi posición es extrañamente egoísta, como es estar en contra de ciudadanos de la misma raza a la que, parcialmente pertenezco. Esto amerita una breve ilustración. Mi padre, natal de la provincia «Cantón» de China Continental, no vino a estas tierras como aventurero o como un comerciante más. Junto a sus padres y hermanos, huyeron de China, cuando el régimen comunista de Mao Tse Tung, había comenzado la racha de expropiaciones de fincas y haciendas. Mis bisabuelos y abuelos eran terratenientes, sembradores de plátano, en extensiones considerables. Mi abuelo, José Wong, era oficial de la facción del ejército que lideraba el General Chiang Kai Chek. Su rumbo migratorio era el Puerto Galveston, Texas en EEUU, donde gestionaría recursos para levantar la nueva China -Taiwán. Por circunstancias de la vida, al anclar el barco en que viajaban, en Puerto Barrios, Guatemala, los abuelos chinos se encantaron con las plantaciones de banano y plátano de Izabal, y en ese lugar decidieron anclarse, olvidándose de Galveston. En Izabal se quedó esa familia migrante, solo mi padre, que no se sentía feliz sembrando plátano, con el apoyo de mi abuelo se vino en goleta a Puerto Cortés, donde está mi punto de partida.
Toda esa pléyade migratoria china de esos años, en su totalidad, eran desafectos al nuevo sistema comunista de Mao; cuando vinieron no traían proyectos de vida, solo ansiaban vivir en un régimen de libertades. Igual que mi padre, los demás migrantes chinos tenían inclinación por el comercio. Lo que está ocurriendo hoy es diametralmente diferente. La oleada de ciudadanos chinos que está llegando a Honduras no es un hecho improvisado, es producto de un plan orquestado del gobierno de Beijing para posesionarse de las principales ciudades hondureñas, a través de una bien instalada red de comerciantes, que llegan dotados de suficientes recursos para instalarse como emporios bien surtidos de productos elaborados en China, a precios bajos, creando el desplazamiento de los pequeños comerciantes hondureños que no tienen capacidad para competir con los poderosos comerciantes chinos.
Sin duda alguna, que esta auténtica «invasión de comerciantes chinos» en Honduras, no es circunstancial, es parte de un plan oficial del régimen de Xi Jing Ping. Es urgente que el Congreso Nacional requiera a la ex presidente Xiomara Castro para que comparezca e informe de los acuerdos que suscribió con el régimen de China Comunista. Además de la invasión de comerciantes chinos, preocupa que esté circulando información oficial del gigante asiático, donde aparecen mapeados varios puertos en los que China se jacta de tener áreas controladas. Puertos como Kingston de Jamaica, Bahamas, Puerto Moín de Costa Rica, puerto de Panamá, Chancay en Perú, incluyendo a Puerto Cortés y San Lorenzó de Honduras, aparecen posteados como puertos bajo el control de China.
Ya es hora que el Congreso Nacional reclame la presencia de Xiomara Castro y con ella, toda la información de los acuerdos que suscribió con el gobierno comunista de Xi JIng Ping, para conocer el alcance de los compromisos y sus consecuencias contra la soberanía y los intereses de nuestro país. La ex presidente Xiomara Castro no cumplió con el deber de informarnos a los hondureños sobre esos acuerdos con China, se sustrajo absolutamente de un deber que es de ineludible cumplimiento para un gobernante, pero tampoco extraña, porque los gobiernos autoritarios populistas se caracterizan por el desprecio manifiesto a los ciudadanos cuando toman decisiones que afectan a la nación.
Por otra parte, el gobierno del presidente Nasry Asfura no tiene ningún impedimento para reanudar relaciones con el gobierno de China-Taiwán. Para Honduras las relaciones con Taiwán son sumamente ventajosas y significativamente apreciables. Taiwán nos compra la producción camaronera a precios subsidiados, igual beneficio tienen otros productos exportables que tienen demanda entre los pobladores taiwaneses. China Continental es inflexible cuando se habla de reanudar relaciones con Taiwán, esgrime que eso no es posible porque existe una «sola China». Y con todo respeto para el gobierno de China Continental, le decimos: nuestro gobierno, es un régimen soberano, nacido de las entrañas democráticas, producto de una elección absolutamente democrática, no tiene porqué estar supeditado a una situación que es algo interno de la nación china.
La política de una «China Única» es un asunto puramente interno de China Continental, que no puede condicionar una decisión soberana de Honduras, como es la de tener relaciones con todos los países, que es algo inherente a los intereses de Honduras como país libre, soberano e independiente. Los hondureños queremos que nuestro gobierno reanude relaciones con Taiwán, lo antes posible. Que China Continental no esté de acuerdo con esa decisión, es su problema. No pedimos romper con China Continental, lo que demandamos es reanudar relaciones con Taiwán! Porque así conviene a los intereses de Honduras. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 12 de agosto 2026