
Este mediodía asistí como orador invitado a un acto académico en la Escuela MACRIS, una de las escuelas bilingue más reconocidas de la capital, donde tuve la honra de pronunciar unas breves palabras ante un buen número de estudiantes, maestros y padres de familia. La directora del centro escolar, Ana Merrian, me pidió hablar a los estudiantes sobre la importancia de los principios y valores. Y como a la escuela Macris asisten jóvenes que provienen de familias con acceso a toda clase de tecnología, les diserté sobre la combinación «principios- inteligencia artificial», fenómeno que le está dando un vuelco a la humanidad. Comencé exponiendo a los estudiantes que el riesgo no es que usen o no usen las redes sociales y la IA, el riesgo es que usen ambas herramientas sin una columna vertebral que son los principios y la disciplina.
Los principios como sistema operativo moral no se pueden inculcar con un programa académico específico, los principios comienzan a inculcarse en el hogar, cuando una madre, al estilo antiguo les dice a sus hijos que la persona que se porta mal termina violando las leyes, cuando irrespeta a sus mayores y demás semejantes, y no tiene temor a Dios, tiene tres rutas en la vida: la cárcel, el hospital y el cementerio. Muchas personas que se deslumbran con la IA, sin límites, repitiendo reiteradamente que la IA es el futuro y que, quien no aprenda a usarla o no comparta su vida con la IA, casi es una persona muerta en el futuro. En cambio, yo les dije este día a los jóvenes estudiantes de la escuela Macris, que sin duda alguna, la IA es una herramienta valiosa, siempre que sea regulada, y que ellos son el regulador, aplicando los principios que nos dicen lo que no se debe y no se puede hacer con la IA, mientras que la disciplina es el motor que nos puede hacer sostenible todo aquello que iniciemos de manera positiva. Mi intención fué que estos jóvenes, entre 15 a 17 años, cambien el chip si lo tienen mal orientado.

Mi breve disertación de unos quince minutos a estos jóvenes fué orientada a que no sean usuarios empedernidos de las redes sociales y la IA, que las usen en forma responsable fué mi mensaje. La IA no conoce la ética, si bien tiene exagerado conocimiento, la IA nos ofrece lo más probable, pero no lo más correcto, esto último, les insistí a los estudiantes, solo lo puede dar el cerebro. Un amigo de la infancia me sugirió hace un tiempo que sometiera los editoriales que escribo a una inteligencia artificial para perfeccionarlos. Le respondí que eso no era correcto, porque en ese momento dejaría de expresar lo que pienso y lo que siento para trasladar ese deber a un cerebro tecnologico.
Expliqué este mediodía a los estudiantes de la escuela Macris, que sin principios el jóven le puede pedir a la IA que le haga las tareas, que le invente una excusa y agrego, de repente hasta que le invente una novia virtual. En fin, un jóven sin principios, abusando de la IA puede tomar el camino de la delincuencia que lo lleve al fracaso moral en la vida. Les insistí que la disciplina es fundamental, porque actúa como el antivirus del atajo fácil que conduce a la meta del mal. Es importante transmitir a los maestros y a los padres de familia de todo el país, que no inculquen a sus hijos el uso desmedido de la IA, porque eso los puede convertir en autómatas que en determinado momento les haga pensar que pueden competir contra la misma inteligencia artificial.
Debemos educar a los jóvenes para hacer lo que la inteligencia artificial nunca podrá hacer: decir «no» a todo aquello que aunque parezca rentable, es incorrecto decir «si». Este fué el principio y disciplina que hoy les prediqué a un buen número de estudiantes, maestros y padres de familia de la Escuela Macris de Tegucigalpa. Debo decir que, al escuchar las participaciones de varios estudiantes de esta escuela en el desarrollo del acto académico, me causaron una muy buena impresión. Ninguno de los estudiantes tenía un teléfono móvil a mano, los observé detenidamente durante el acto y nadie sacó algun aparato de su bolsa. Nadie se levantó de su asiento como he visto en actos similare en otros lugares, eso fué una señal importante que en esta escuela se les enseña «disciplina¨» a los estudiantes. A esto le podemos llamar «regulación moral».
Salí complacido del evento, me sentí honrado por haberme designado la escuela Macris el «orador invitado» del acto académico de este 16 de octubre; hablé al menos 15 minutos seguidos, sentí una devota atención de todos a mi discurso, la misma atención que me dispensa la cámara televisiva cada noche en que les leo el editorial de 6 a 7 minutos. Asi son las cosasy así se las hemos contado hoy viernes 16 de octubre 2026