
Si el amable público se ha fijado en las declaraciones de Roosevelt Hernández, este militar populista se expresa reiteradamente que confía en la justicia divina y en la justicia del pueblo, hablando en un lenguaje que es propiamente de los líderes de los movimientos marxistas, donde la idolatría de la igualdad distorsiona premeditadamente el orden jurídico y el Estado De Derecho. Uno de los grandes objetivos de los marxistas es la proclamación a ciegas, de allí que la denominación «compañero» o «compañera» es la mejor manera de llamar a todos sin hacer distinciones de edad, profesión, arte u oficio. Pero, donde los marxistas rompen la regla del respeto que establece el orden jurídico y el Estado Derecho, es cuando retuercen la majestad de la ley, para reducirla a la mínima expresión de «tribunal popular» o «tribunales del pueblo» que por supuesto no tienen posibilidad de existir porque la justicia nunca es impartida por el pueblo, dado que corresponde a los jueces y tribunales aplicar la ley e impartir justicia.
Los pueblos generalmente son conglomerados que se dejan guiar por las emociones y arrastrados como masas por los políticos, algunos astutos, entre los cuales hay una vasta cantidad de oportunistas que buscan eludir la ley para salirse con la suya, no obstante, justo es reconocerlo, hay politicos que se enmarcan en la decencia para cumplir de manera cabal con su deber de conductores de la sociedad para lograr el bienestar de los ciudadanos. Lo que nunca se concibe porque no es posible es que el pueblo haga justicia, porque a este extremo solo se llega en los gobiernos totalitarios, generalmente dictaduras de izquierda, aunque no es el pueblo el que se toma justicia, sino una élite del partido único el que es designada para ajusticiar que no es lo mismo que hacer justicia.

El régimen comunista de Cuba presidido por Fidel Castro, asesinó a miles de personas que perdieron la confianza en la mal llamada revolución cubana, al ver que Fidel, su hermano Raúl, el Ché Guevara y otros líderes comunistas, se desviaron de los objetivos que los cubanos anhelaban para hacer una Cuba democrática, distinta a la dictadura de Fulgencio Batista, pero, que, Fidel y Raul Castro, terminaron construyendo otra dictadura, peor que la anterior, por el espíritu sanguinario de los hermanos Castro, que fueron los que implantaron el sanbenito de los llamados «tribunales del pueblo», encargados no a jueces sino a esbirros que eran enemigos de las leyes, creyentes que toda persona desafecta a la revolución sanguinaria de Fidel Castro se hac´pia acreedor al paredón de fusilamiento.
Esa es la justicia de los tribunales del pueblo practicada por los matones del marxismo cubano, con los que sueña Roosevelt Hernandez, cuando invoca la «justicia del pueblo», algo que afortunadamente no existe en Honduras porque viviendo en un ordenamiento juridico propio del Estado de Derecho que prevalece conforme nuestra Constitución de la República, el ex jefe militar se tiene que someter al debido proceso que ya no es cosa del capricho de un juez, sino basado en todo un sistema legal donde las partes concurrentes, el acusador y el acusado, abogado defensor y abogado acusador, deben esperar el turno que les señala el tribunal competente.
En los regímenes totalitarios como el cubano, el venezolano y otros, no hay justicia sino injusticia, y son los esbirros, los que se autodenominan «tribunales del pueblo», los encargados por los amos de la revolución los que aplican un solo rasero, que es el deseo implacable de los líderes de la revolución por eliminar a todos aquellos que tienen la osadía de desafiar a los dueños del aparato revolucionario. Como no estamos bajo un régimen totalitario, que pudimos haber estado, Roosevelt Hernandez debe saber que la justicia en Honduras corresponde a jueces y tribunales, que forman el llamado sistema judicial, el «Poder Judicial». Y que, si bien no es un orden perfecto porque tiene muchas imperfecciones, lo grandioso de este sistema es que los ciudadanos que nos sometemos a él, tenemos los derechos protegidos para hacernos valer. Roosevelt Hernández, debe haber entendido que en Honduras la justicia no la imparte el pueblo como el cree, sino que corresponde a jueces y tribunales.
Como hemos dicho, uno de los grandes defectos de nuestro sistema justicia es que algunos jueces que han perdido la moral por diversos motivos, son tentados por intereses poderosos para burlar el objetivo de la Ley que es hacer justicia. Ahora mismo está planteado un caso vergonzoso que expone a jueces que perdieron su dignidad a cambio de una paga. Pero, afortunadamente solo son unas cuantas manzanas podridas, no es todo el huerto. Porque si fuera todo el sistema juridico hondureño, el país entero se alzaría como lo hicieron otros pueblos en la historia. Pero también es justo aclarar que no todos los socialistas son tontos ni obcecados, lo cual se demuestra con la siguiente anécdota: cuentan que Mario Soares, un radical socialista portugués, le dijo a su camarada ideológico sueco, Olof Palme, que estaba dispuesto a acabar con los ricos, a lo que Olof Palme le contestó: ese no es un buen camino, aqui más bien estamos intentando acabar con los pobres.» De estas enseñanzas deben aprender personas como Roosevelt Hernández. Asi son las cosas y así se las hemos contado hoy méercoles 9 de septiembre 2026