
Ahora que una buena parte de los hondureños se acoge al héroe de la Batalla de La Trinidad para tomarse una semana de descanso, es propicia la ocasion para hablar un poco de nuestro máximo héroe, Francisco Morazán, el hondureño más importante del siglo XIX en el istmo centroamericano, pero también el más malentendido. Hablamos sin el característico romancticismo con que se venera a Morazán en ciertos libros de texto, ni el odio de los conservadores que le atribuyen a Morazán una serie de epítetos injustos, como el de «Chico Ganzúa» .
Lo que realmente hizo Morazán y nadie puede negarle, es que soñó con ver convertida a Centroamérica en un solo país, una Federación de provincias unidas de Centroamérica. Pero, su idea no era que Honduras fuera la capital de la federación, ni que tuviera el eje de mando principal, su sueño era que las cinco pequeñas repúblicas centroamericanas formaran un solo bloque con capacidad de competir con México y EEUU. El Mercado Común Centroamericano nació apegado a ese esquema, pero fracasó igual que fracasó Morazán, porque los ideales de cada país desde aquella época caminaban en su propia dirección.

El que crea que puede retomar el ideal de Morazán para hacerlo realidad a estas alturas, es un pobre chiflado. Morazán fue el primer reformistas liberal, radical. Miremos las acciones de Morazán: separó a la Iglesia del Estado en 1832, un paso que rompió el molde cultural más consolidado de la época. Expropió bienes de varias órdene religiosas, igual que lo hicieron recientemente Fidel Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua. Implantó el matrimonio civil como el verdadero matrimonio, con lo que desafió a la Iglesia Católica que predica que el matrimonio religioso, es el que se consagra ante las leyes de Dios, mientras que el matrimonio civil es frágil, porque depende de las leyes del hombre. Morazán fué mucho más lejos en este sentido al implantar el divorcio, la ruptura matrimonial que pulveriza el matrimonio religioso que según la iglesia es irompible, porque lo que Dios une, el hombre no lo puede separar.
Aparte de estas decisiones históricas, Morazán estableció la libertad de prensa y el juicio por jurado, dos pasos gigantes que lo pusieron en un primer plano histórico en el continente. Estas decisiones las tomó Morazán 40 años antes de que lo hicieran el resto de países de América Latina. Y en educación, hay que rendirle los honores a Morazán: fundó la primera biblioteca y declaró a la escuela laica. Su carrera militar fué invicta, ganó 12 batallas clave, entre ellas la legendaria batalla de La Trinidad en 1827 y la de San Miguelito. Su récord fué impresionante, no perdió ninguna batalla campal en su carrera militar de 15 años.
Ahora bien, contra Morazán hay historiadores críticos serios que le señalan muchos defectos con suficiente razón: 1.- Quiso imponer el progreso a la fuerza, sus reformas anticlericales no fueron bien vistas por los campesinos indígenas y mestizos, que las consideraron como un ataque a su fe. El hecho de expulsar al arzobispo y a unos 100 frailes, por oponerse a sus decisiones que atentaban contra la Iglesia, lo colocó frontalmente contra una masa de feligreses que rechazaron sus medidas impositorias. La verdad es que el pueblo no quería una escuela laica, quería la misa, y allí Morazán perdió la base social que en un tiempo lo admiró.
Varios historiadores lo calificaron de centralista disfrazado de federalista, y esto lo explicaron porque Morazán hablaba de Federación, pero gobernaba desde Guatemala con decretos y ejercito formado por hondureños y salvadoreños. Los sectores liberales de Guatemala y Costa Rica lo adversaron y nunca le perdonaron que mandara las tropas a cobrar impuestos. El gran error de Morazán fue que no supo negociar, se acostumbró a ganar y cuando no lo lograba, apelaba a imponerse a la fuerza. Cuando Rafael Carrera se le sublevó en Guatemala en 1837 con campesinos que gritaban: «viva la religión», Morazán lo encaró y lo derrotó militarmente, pero no políticamente, esto está registrado en la historia: En 1840, Carrera expulsó a Morazán definitivamente, un hecho que marcó el declive de Morazán, que lo llevó a San José Costa Rica, donde un par de traidores propiciaron que fuera capturado para ser fusilado en 1842. Gritando hasta el último instante de su viuda: «aunque muera, la unión vive».
En un balance sin romanticismo, prevaleciendo la verdad ante todo, Morazán no era un santo, pero tampoco fué un dictador. Su comportamiento fué igual al de un estadista europeo en un territorio primitivo y tribal, como eran los pueblos centroamericanos de aquellos años. Su sueño era hacer de Centroamérica una especie de país liberal como Suiza, cuando la gente quería mantener a su pueblo como era, quería a su sacerdote, y a su caudillo. Y aqui es donde Nayib Bukele patina, quiere usar al único símbolo centroamericano, Francisco Morazán, para venderle a los hondureños, guatemaltecos y nicaraguenses, que somos el mismo país y que él, Bukele, puede ser el presidente de todos. Una chifladura de padre y señor mío! Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 7 del octubre morazánico de 2026