
En un tono que oscila entre la cautela y la franqueza, el presidente Nasry Asfura envió un mensaje directo a los hogares y sectores productivos de Honduras: la austeridad energética ya no es una opción, es una necesidad. En declaraciones a un importante medio de comunicación nacional, el mandatario analizó el impacto que la inestabilidad en el Medio Oriente proyecta sobre la economía del país.
El «Factor Ormuz» en el tanque hondureño El gobernante fue claro al señalar que, aunque Honduras ha logrado blindar sus reservas de hidrocarburos por el momento, el escenario internacional es una moneda al aire. «Lo mejor y lo que puedo recomendarle es que economice combustible», expresó Asfura, subrayando que la escasez ya es una realidad dolorosa en otras latitudes, un destino que busca evitar para el país a través de la previsión.
La ingeniería detrás de los precios El ajuste en las gasolineras no es caprichoso. El mandatario detalló que el costo en bomba se rige por un promedio de variaciones internacionales de aproximadamente 22 días, lo que obliga a una revisión constante. Para contener este golpe, el subsidio estatal se mantiene como un dique de contención mientras se monitorea la crisis exterior.
Subsidios con «lupa social» La estrategia de mitigación no se detiene en las gasolineras. Asfura adelantó que el gobierno prepara una focalización del subsidio a la energía eléctrica. El objetivo es que el beneficio para quienes consumen entre 0 y 150 kilovatios llegue quirúrgicamente a las familias de menores ingresos. «Lo que buscamos es asegurar que verdaderamente a las personas de muy bajos recursos les esté llegando esa aportación», puntualizó, confirmando que ya hay estudios técnicos en marcha para optimizar estos recursos.