
En un ambiente de profunda melancolía, el Real Madrid de Álvaro Arbeloa cerró su participación en casa con una victoria 2-0 ante el descendido Oviedo, gracias a los tantos de Gonzalo y Jude Bellingham.
El encuentro, carente de trascendencia deportiva tras la pérdida del título de Liga ante el Barcelona, sirvió como un frío termómetro para una afición que se mostró resignada ante la segunda temporada consecutiva sin trofeos importantes en las vitrinas de Chamartín.
El foco de la tensión se centró exclusivamente en Kylian Mbappé. Mientras jugadores como Carvajal y Cazorla recibieron ovaciones, el delantero francés fue castigado con una sonora pitada cada vez que tocó el balón tras ingresar de cambio.
Señalado por su actitud durante sus vacaciones y siendo el único no absuelto en un reciente juicio interno del club, Mbappé personificó el descontento de un madridismo que perdonó a casi todos, excepto a su gran estrella.