
El estreno de Bélgica en el Mundial de 2026 estuvo a punto de convertirse en un absoluto fiasco bajo el intenso calor de Seattle. La selección egipcia, mucho más intensa y ordenada, desnudó las eternas dudas defensivas de los ‘Diablos Rojos’ en la primera mitad.
Un golazo del extremo Emam Ashour, tras una brillante asistencia de Mohamed Salah en el día de su cumpleaños 34, puso contra las cuerdas al equipo dirigido por Rudi García, que solo evitó una goleada mayor gracias a las milagrosas atajadas de Thibaut Courtois.
Cuando el panorama lucía más oscuro y figuras como Kevin De Bruyne no encontraban socios en el campo, llegó el momento del rescatista histórico. Romelu Lukaku, quien ha vivido una temporada aciaga marcada por las lesiones en el Nápoles, ingresó al terreno de juego en el minuto 66 y, en su primera jugada, desató el caos.
Con pura potencia y resiliencia, el delantero presionó con todo un centro al área y forzó el gol en propia puerta del defensor Hany a tan solo 14 segundos de haber pisado el césped, sellando un agónico 1-1 que maquilla el gris debut belga.