
Tras la «locura» vivida en el Parque de los Príncipes con aquel vibrante 5-4, el París Saint-Germain demostró en el Allianz Arena que no solo es una máquina de ataque, sino un bloque sólido y pragmático.
El equipo de Luis Enrique gestionó con maestría la vuelta de las semifinales, empatando 1-1 ante el Bayern de Múnich, resultado suficiente para sellar su pase a la final de la Champions League contra el Arsenal.
El guion del partido se escribió apenas a los dos minutos y 20 segundos. En una transición eléctrica, Kvaratskhelia —de partido imponente— conectó con Fabián Ruiz, quien sirvió de motor para que el georgiano habilitara a Ousmane Dembélé.
El «Mosquito» no perdonó con un remate contundente que puso el 0-1, silenciando Múnich y extendiendo la ventaja global a dos goles.