
La Organización de los Estados Americanos (OEA) lanzó este lunes una advertencia a los países de América Latina y el Caribe para que refuercen sus medidas de prevención y respuesta ante los posibles efectos del fenómeno climático de El Niño, que podría alcanzar una intensidad muy fuerte y provocar importantes alteraciones en los patrones de lluvia, con consecuencias para la seguridad alimentaria, el suministro de agua, la generación de energía y la salud pública.
El organismo regional instó a los gobiernos a aprovechar los últimos meses de 2026 para fortalecer sus planes de contingencia, mejorar los sistemas de alerta temprana y preparar a las comunidades más vulnerables ante escenarios de lluvias extremas, inundaciones, deslizamientos de tierra y prolongados periodos de sequía.
La advertencia pone de relieve la necesidad de anticiparse a los efectos de un fenómeno climático que, aunque forma parte de la variabilidad natural del clima, puede agravar las dificultades económicas, sociales y ambientales de numerosos países de la región.

En un comunicado oficial, la organización insistió en que la preparación anticipada puede reducir considerablemente los daños humanos y materiales. Andrés Sánchez, jefe de la Sección de Agua de la OEA, resumió este planteamiento al señalar que “El Niño no se puede evitar, pero buena parte de sus consecuencias, sí”, por lo que llamó a los Estados miembros a adoptar medidas oportunas para minimizar los riesgos.
Lluvias intensas e inundaciones en varios países de Sudamérica
De acuerdo con un estudio citado por la OEA, uno de los escenarios previstos contempla precipitaciones más intensas en distintas zonas de Sudamérica. Entre las áreas que podrían experimentar mayores impactos figuran la costa de Ecuador, el norte de Perú, el centro y sur de Chile y la Cuenca del Plata, que comprende territorios de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.
En estas regiones, el exceso de lluvia podría incrementar el riesgo de inundaciones urbanas y rurales, desbordamientos de ríos, deslizamientos de tierra y daños en carreteras, puentes, viviendas e infraestructura productiva.
Las afectaciones también podrían repercutir en las actividades agrícolas y ganaderas, especialmente en comunidades que dependen de las condiciones climáticas para sus cosechas y medios de subsistencia. Cuando las precipitaciones superan la capacidad de drenaje de los terrenos y las ciudades, pueden perderse cultivos, deteriorarse caminos rurales y dificultarse el transporte de alimentos hacia los mercados.
Ante este panorama, la prevención adquiere especial importancia. La limpieza de drenajes, el monitoreo de los niveles de los ríos, la identificación de zonas de riesgo y la preparación de albergues temporales son algunas de las medidas que pueden ayudar a reducir las consecuencias de las lluvias extremas.
Centroamérica y el Caribe, bajo amenaza de sequías
Mientras algunas zonas de Sudamérica podrían recibir precipitaciones superiores a lo habitual, otras regiones enfrentarían condiciones opuestas. La OEA advirtió que Centroamérica, las islas del Caribe, las regiones Andina y Caribe de Colombia y Venezuela, así como la cuenca amazónica, podrían experimentar reducciones significativas de las lluvias y episodios de sequía severa.
Este escenario representa un desafío particular para los países centroamericanos, donde la disponibilidad de agua está estrechamente relacionada con la agricultura, el consumo doméstico y la producción de energía.
Una disminución prolongada de las precipitaciones puede reducir los niveles de ríos, embalses y otras fuentes de abastecimiento, además de afectar la humedad de los suelos y retrasar o comprometer los ciclos agrícolas. Las consecuencias pueden sentirse tanto en las comunidades rurales como en las ciudades, especialmente cuando los sistemas de distribución de agua ya presentan limitaciones.