
El pasado martes 1 de septiembre me tocó permanecer diez horas contínuas en el Juzgado de Letras de lo Penal, esperando mi turno para rendir testimonio en la acción del Ministerio Público contra Roosevelt Hernandez por su comportamiento agresivo y abusivo en contra de la libertad de expresión. Aunque de manera concreta fuimos cuatro los periodistas agredidos, pero quizás fueron muchos más, la fiscalía actuó en base a nuestros testimonios. En mi caso personal, Roosevelt me acusó de sicario de la verdad y traidor a la Patria, Ambas afirmaciones de contenido difamatorio, que en todo momento rechazo de manera categórica, por lo que, podría estar un año entero aguardando en el tribunal para ofrecer mi testimonio reconstructivo de los hechos deleznables protagonizados por Roosevelt Hernandez, un individuo alienado por el chavismo y su admiración por los líderes del Cartel de los Soles de Venezuela.
Hay personas que tienen como uno de sus hábitos propalar la mentira Roosevelt Hernández, igual que los dirigentes de Libre, es uno de ellos. Mintió al achacar la responsabilidad de las publicaciones difamatorias en el pasquín de las FFAA, a un oficial subalterno, mismo que al comparecer como testigo en el tribunal, se defendió con justicia, señalándolo como el responsable de haberle ordenado que publicara en los medios de la institución castrense, el material contentivo de difamación. Al terminar la audiencia, Roosevelt Hernández, como un mentiroso empedernido, no obstante haber sido procesado por la titular del tribunal, siguió mostrando el pasquín que en su período constituyó un bagazo difamatorio, que deshonró a las FFAA.

No puede alegar Roosevelt Hernandez que no agredió a la Presidente del CNE Cossette López, al desconocerla como máxima autoridad electoral, conforme el art. 272 de la Constitución de la República. Tampoco puede desdecirse ahora, que al no aceptar que estaba a disposición del CNE, conforme el mismo artículo, entró en desacato a la Constitucion, por lo cual el MInisterio Público deberá llamarlo a los tribunales para deducirle responsabilidades. Tampoco puede negar Roosevelt Hernandez, que en su complicidad con el partido Libre, cometió un delito al intentar provocar un conflicto bélico con El Salvador, por un percance en el Golfo de Fonseca, provocado por una embarcación de la naval salvadoreña, incidente que fue salvado por una disculpa oficial salvadoreña, con lo cual se zanjaba un problema que pudo derivar hacia una confrontación bélica que a pocos días de nuestras elecciones, pudo haber interrumpido el proceso electoral del 30 de noviembre.
Tampoco podrá negar Roosevelt Hernández el constante maltrato a su oficialidad, a la que con frecuencia humillaba al acusar de traidores a los demás oficiales, sin ninguna justificación, tan solo por el hecho de no encontrar eco a sus pretensiones políticas entre sus colegas oficiales, a los que no les ocultaba su complicidad con la candidata Rixi Moncada. No podrá negar Roosevelt Hernández que no tuvo reparo para hacer campaña entre sus colegas, al incitarlos a apoyar a Rixi, manifestandoles que con Rixi en la presidencia, les iba ir muy bien. Nada de esto se aparta de la verdad, Roosevelt estaba «encalabrinado» con Rixi. Sus frecuentes apariciones en los actos politicos del PLR, fuera repartiendo comida a la militancia como participando en las asambleas, tanto en la capital como en Catacamas, lo retrataron como un activista de Libre y de Rixi Moncada.
Nunca se vió a un jefe militar tan entregado a una causa política antipatriótica como a Roosevelt Hernandez. En el pasado Lopez Arellano y Melgar Castro incursionaron en el escenario politico, pero ambos pagaron las consecuencias y fueron las mismas FFAA las que los separaron de sus cargos en circunstancias diferentes. Roosevelt Hernández no solo deberá afrontar las consecuencias por haber violado la Constitución de la República, sino que, cabe esperar que las FFAA restañen su prestigio enlodado con la desafortunada actuación de Roosevelt, procediendo a degradarlo, despojándolo no solo de su grado militar sino de cualquier reconocimiento que pudo haber obtenido en el pasado.
El honor de las instituciones y la honra de las personas solo se restituyen a través de las penas que impone la ley contra los autores de las ofensas calumniosas y difamatorias. La calumnia no debe ser aceptada como una expresión gratuita. Cuando el abogado de Roosevelt, en su afán de exculpar a su defendido, me preguntó en que forma la expresión «sicario de la verdad» restringía mi libertad de expresión, le respondí: «nada restringe tanto la libertad de expresión como una calumnia» porque «la calumnia es la coacción más oprobiosa contra una persona». Pude haber agregado que, en mi caso, la calumnia me hace los mandados, porque hace años estoy revestido del mismo coraje de los gladiadores. Y además, me reservé algo que pudo haber sonado demasiado grosero: a los militares se les paga por defender la soberanía, en cambio, los periodistas la defendemos porque queremos vivir en libertad!. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 3 de septiembre 2026