
Al salir de la audiencia en el Juzgado de Letras de lo Penal, Roosevelt Hernández era todo un «cariacontecido», con un semblante de conejo asustado. Y esto que iba escoltado con un verdadero dispositivo policial y militar, como solo se le dispensa a un dignatario, que Roosevelt no lo es, porque ahora es un ex-general, con el agravante de estar imputado por el Ministerio Público, por atentar contra la libertad de expresión, en las personas de varios periodistas que sostenemos ante la fiscalía correspondiente del Ministerio Público, que el ex jefe militar nos agredió públicamente en los medios de las FFAA, atentando contra la libertad de expresión. Y luego con una cobardía repugnante, descargó su culpa en los subalternos que manejan el canal y el pasquín de las FFAA, pero que por ley, le corresponde a Roosevelt toda la responsabilidad de lo que se publique en esos medios, porque la dirección de los mismos queda adscrita a la jefaturade las FFAA.
Cuando abandonaba las instalaciones del juzgado, Roosevelt Hernandez dió otra muestra palpable de su carácter blasfemo e irrespetuoso contra lo más reverencial que podemos tener las personas que tenemos fe y creemos en DIOS. Roosevelt tuvo una incongruencia monstruosa al decir que confiaba en la justicia divina y en la justicia del pueblo. Una persona como Roosevelt, que ha demostrado en infinidad de veces que es desafecto a DIOS, cometió una blasfemia condenable, al apelar a la justicia divina. Cuando Roosevelt apuntó con su arma a la Constitución exhibió su incredulidad en la autoridad divina que solo encarna el Creador del Universo, nuestro Señor. Y al desacatar a la Constitución, desconociendo la autoridad que el artículo 272 constitucional le traspasa al CNE en el periodo electoral, Roosevelt se comportó como una persona endemoniada, porque solo los endemoniados creen que tienen tanto poder como para saltarse las trancas de la ley.
Y qué decir cuando Roosevelt expresa que confía en la justicia del pueblo? Ese es el pensamiento de un populista, comunista, además autoritario y desbocado, porque la justicia no le corresponde impartirla al pueblo, el pueblo elige a las autoridades para que asuman el ejercicio de la aplicación de la ley a través de las instituciones. Este pobre hombre, que en mal momento fue jefe de las FFAA, resulto víctima de alienación en el partido Libre (PLR) donde sus dirigentes se burlan y pisotean la Constitución, porque asi lo han hecho los dirigentes del partido comunista cubano, los drigentes del chavismo en Venezuela y en otros países donde los populistas se ha erigido en falsos conductores que han terminado arruinando la vida de todos esos pueblos.
La blasfemia es el irrespeto a la idea divina del creador universal. Un blasfemo, sin creer en DIOS, invoca el poder divino en sus momentos dificiles. El periodo de dos años al frente de las FFAA embotó a Roosevelt Hernández, cuando se alienó por completo al dedicarse a escuchar en audífonos los discursos de Hugo Chávez. Sus compañeros de armas refieren que en ese momento Roosevelt Hernández perdió el norte militar para convertirse en un enloquecido por el chavismo, bajo la inducción de Mel Zelaya. Y valga la acotación, porque la blasfemia es una práctica que se enfila contra la libertad de expresión. Esto genera debate en varios países, donde se demuestra que una persona blasfema mantiene una falsa postura religiosa, y cuando invoca el beneficio divino en su favor, termina chocando contra la libertad de expresión, contra el repeto y la convivencia.
En un evento social, mientras se inauguraba el nuevo edificio de la Embajada de EEUU en Tegucigalpa, Roosevelt Hernandez se dirigió al lugar donde estaban varios periodistas, a los que increpó con un lenguaje altisonante sin razón alguna. Asi es todo blasfemo, ofende lo sagrado cuando miente al invocar lo divino para protegerse de las demás personas que no piensan como el. Aunque, tenemos que admitir, un blasfemo como Roosevelt Hernández ejerce su derecho a la libertad de expresión cuando se burla de lo más sagrado. No podemos censurar a Roosevelt Hernandez su derecho a practicar la blasfemia, a burlarse de Dios, porque también está en su derecho.
Cuando dice que espera justicia de la justicia divina, es obvio que al haberse manifestado como un individuo que desconoce la supremacía de la Constitución, que apuntó con un arma a la Constitución, es alguien que al no creer en el marco jurídico constitucional tampoco cree en un Ser Supremo. Y aunque censuremos su conducta mentirosa, ese es su derecho. En esto radica lo grandioso de la libertad de expresión, hasta un mentiroso tiene derecho a exigir que los demás respeten su derecho a mentir. Pero, otra cosa muy distinta es que los demás debamos compartir su aberración de mentir, incluso, faltándole el respeto al Creador Supremo, al pretender que la justicia divina lo salve por sus agresiones a la libertad de expresión. Eso nunca! Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 20 de agosto 2026
