
No ha de ser nada fácil para un militar que ha jurado lealtad a la institución en la que se formó y lo benefició, acabar su carrera despreciado como traidor. Roosevelt Hernández, decidió quitarse la careta, así como ya se había despojado de su uniforme verde-olivo, cuando se exhibió sin pudor en las reuniones del gobierno de Libertad y Refundación como otro lobo más de la manada. La semana pasada, Roosevelt, ya sin un ápice de vergüenza, se dió color «rojo y negro» al participar en una actividad del PLR como otro integrante más. Lo dijo Sartre, «el infierno son los demás», los otros son malvados, malintencionados y dañinos. Los dos años de Roosevelt Hernández al frente del alto mando de las FFAA para él fueron un infierno, porque sabiéndose un traidor a la entidad militar, solo tenía un camino y un destino: adherirse al PLR de manera pública, como lo hizo hace apenas unos días.
Nosotros los civiles podemos cometer errores en algunas ocasiones, no muy frecuentes, y no generalmente cuando la Patria está en peligro, como en el caso del que aún se sigue hablando: el PLR quiso perpetuarse en el poder con el apoyo del alto mando militar encabezado por Roosevelt Hernández, pero los electores, en forma decidida y valiente, se lo impedimos. No solo derrotamos al alto mando de Libre encabezado por Mel Zelaya, sino que en la refriega política del año pasado le dimos su merecido a Rusia y a China por igual. Vale esto para individuos como Roosevelt Hernández, y otros, que, igual que él, llenaron de vergüenza el uniforme militar.
Creo que el peso de la desvergüenza llevó a Roosevelt Hernández a estar entre la espada y la pared, y ya sin remedio a su favor, optó por lo que suele hacer una persona que, al perder el honor, sabe que no tiene más salida que desnudarse frente a la sociedad. Roosevelt Hernández hizo todo lo que estuvo a su alcance por evitar las fundamentales elecciones primarias aquel angustiante 9 de marzo del 2025. No falló por lo que no supo o dejó de hacer, fuimos los electores hondureños los que le propinamos una patada electoral en el mero fustán trasero.
Derrotado y pronto emplazado por el Ministerio Público, a Roosevelt Hernández le queda un largo trecho por recorrer ante la justicia, una vez que deba tener varias comparecencias judiciales para responder por el grave delito de atentar contra el orden institucional contemplado en la Constitución dela República, al sumarse a las intenciones del PLR de impedir las elecciones primarias y evitar la declaratoria de las elecciones generales. Para defenderse, Roosevelt Hernández no tiene ninguna argumentación que le sustente su apoteosis antipatriótica, al desobedecer el mandato constitucional que pone a las FFAA bajo el mando del CNE en el periodo electoral. NO tiene ninguna excusa valedera para defender su desobediencia a la Constitución.
En el discurso castizo que caracteriza cada vez más a nuestra cultura política, se encuentran como perfecto caldo de cultivo, ideologías como el populismo-socialista. Pero no para los militares honestos que se han formado bajo el juramento sagrado de defender a la Patria y apegarse a la Constitución. Al entregarse a la causa del PLR, de perpetuarse en el poder, Roosevelt no solo le falló a las FFAA, sino que le falló a Honduras y lo más triste: le falló a su familia, especialmente a sus padres, que han de estar avergonzados por la conducta de su hijo, que en vez de apegarse a la Constitución para honrar a Honduras y a las FFAA, prefirió tomar el camino del envilecimiento que lo llevaría a compartir el poder a perpetuidad con el partido Libre (PLR).
Hoy, el futuro de Roosevelt Hernández solo tiene un camino, el que lo conducirá, primero, ante el ministerio Público, después, ante los tribunales de justicia, y finalmente, parece inevitable que acabará en prisión, porque sus faltas no fueron simples, sino graves, porque el sentido de sus acciones estuvo muy a la vista de propios y extraños: primero, sabotear las elecciones primarias y después, impedir la declaratoria de las elecciones generales. Como expresamos al principio, lo dijo Sartre: el infierno son los demás, los otros son malvados, malintencionados y dañinos. Desgraciadamente, Roosevelt Hernández se pasó a este ámbito estercolero. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 7 de julio de 2026