
Por Nery Alexis Gaitán
Hacia ¿dónde va Honduras? ¿Qué clase de país queremos construir? Al menos estas dos preguntas deberían ser de interés nacional, con el propósito de establecer un verdadero Plan de Nación que dirija todos los esfuerzos hacia el bien común, tanto del gobierno como de la sociedad en general. Sorprende que en países como Taiwán, la narrativa sobre la construcción de un mejor país está presente en todos los estratos de la sociedad, y es aplicada sin importar el partido político que esté en el poder. Han entendido que el país es de todos y están involucrados en trabajar por el bienestar
común.
Aquí, en nuestro suelo patrio, con dolor en el alma, constatamos que predomina la ignorancia, el mezquino interés personal o partidario y, sobre todo, la corrupción amparada por un alto grado de impunidad. No existe una narrativa nacional encaminada a la construcción de un país más próspero. Lo que sí tenemos son agendas de cada partido político, encaminadas a tomar el poder para continuar con el carnaval de la corrupción. Aquí se adversan todos los partidos políticos y al llegar al poder niegan lo que ha hecho la administración anterior, pero lo que ellos hacen tampoco es meritorio ni desarrolla el país.
Gobiernos van y vienen y no pasa nada, la situación de pobreza no sólo no ha mejorado, sino que va de mal en peor. El gobierno pasado fue tan cínico y sin escrúpulos que publicó a los cuatro vientos que había sacado de la pobreza a un millón de hondureños, cuando la realidad es que se ha incrementado la pobreza y la miseria en el país. Estos índices así lo confirman: la mayoría de su población vive en la línea de la pobreza que rebasa el 60%, y cerca del 40% vive en pobreza
extrema.
Al llegar al poder la prioridad del partido político es servirse de los bienes del Estado, incrementando la corrupción, enchambar a todos los familiares de los dirigentes, amigos, amantes y hasta al perro de la casa. En todo proyecto, en toda licitación, en cada compra. va implícito el porcentaje de la comisión; es decir, de la corrupción, que es obligatoria. El propósito de llegar al poder siempre es de satisfacción personal y familiar, nunca se toma en cuenta el bienestar de la población, que en su mayoría es muy pobre.
No tenemos un verdadero Plan de Nación que le dé prioridad a la salud y educación. Así como a mejorar la infraestructura vial o tecnificar el campo. Tampoco encaminado a crear políticas económicas para atraer más inversión nacional y extranjera y afrontar el alto índice de desempleo que azota sobre todo a la juventud. Tampoco hay políticas de seguridad efectivas para combatir la delincuencia común, el flagelo de las maras y pandillas, la oprobiosa extorsión ni las actividades del crimen organizado y el narcotráfico.
Nuestra identidad nacional y cultural es endeble. Cada quien acciona en pos de intereses personales o mezquinos. No existe un proyecto nacional que englobe todas las áreas de la vida, encaminadas a construir un país próspero. Lo que
hay son agendas y discursos sólo de interés partidario y nunca nacional, a favor del bienestar común.
Mientras impere la corrupción, teniendo al frente una clase política deshonesta, mezquina, corrupta a más no poder, un proyecto de nación para mejorar la vida de todos, es imposible.
Por eso vivimos en un país pobre, miserable, con todos los males sociales del mundo. De continuar así, jamás saldremos de la miseria en que estamos ahogados. Urge que se establezca una lucha frontal en contra de la corrupción y que se cambie radicalmente la clase política que nos gobierna. Así todo lo bueno nos vendrá por añadidura.
¡Los hondureños merecemos un mejor destino en la vida!
