
Conforme el artículo 207 de la Constitución de la República, la directiva del Congreso Nacional, antes de clausurar sus sesiones, designará de su seno a nueve miembros propietarios y sus respectivos suplentes, quienes formarán la Comisión Permanente, una vez que entra en receso de sesiones el Congreso Nacional. Aunque las facultades del Poder Legislativo son indelegables, de acuerdo con el mencionado artículo 207, esta Comisión Permanente tiene 15 atribuciones que van desde emitir dictámenes y otros trámites, preparar proyectos de reformas de leyes, recibir decretos del Poder Ejecutivo, hasta elegir sustitutos de funcionarios. En el tiempo que los constituyentes contemplaron esta salida para no dejar un vacío legislativo en el período de receso normal que tienen los organismos, no existían las facilidades tecnológicas que actualmente permiten jornadas dinámicas, en que se puede convocar a sesiones con solo algunas horas de anticipación.
El tiempo que todo lo rebasa, desde aquel lejano 1982, hasta el actual 2026, ha puesto a la disposición de la humanidad los avances más impensables en aquel año en que fue emitida la actual Constitución de la República. Hoy los whatsapps son más veloces que los aviones supersónicos, de manera que en cuestión de segundos se puede hacer cualquier convocatoria y por el mismo medio se pueden dar a conocer documentos completos, de manera que hasta el correo electrónico, que en su momento sustituyo al correo tradicional, ha sido desplazado por esa maravilla que es el WhatsApp.
No hay excusas para que el Congreso Nacional siga viviendo en los antiguos tiempos de «maricastaña», no tiene necesidad el Congreso Nacional de entrar en receso, cuando los diputados sesionan cinco días a la semana y disponen del fin de semana para desplazarse a sus departamentos como lo acostumbran. Además, los diputados están debidamente remunerados y tienen la obligación de trabajar jornadas completas como cualquier empleado del Estado. Estas, por supuesto, son consideraciones mínimas, en cambio los riesgos son máximos cuando la Comisión Permanente queda en manos de diputados inescrupulosos, como sucedió durante los últimos cuatro años, en que, ese cuerpo no fue electo por el pleno de diputados, sino sacada de la manga por una junta directiva que usurpó las funciones más importantes del parlamento hondureño, por medio de un asalto violento liderado por el exdiputado Rasel Tomé, que por la fuerza bruta desalojo a la directiva que había sido electa por el pleno del Congreso, imponiendo una directiva usurpadora.
No se debe correr de nuevo ese riesgo demasiado peligroso, la democracia hondureña es muy noble pero a la vez demasiado endeble, y cualquier gobierno que asuma el poder, con careta democrática, pero con conducta populista, autoritaria, pudiera repetir el asalto antidemocrático a través de esta Comisión Permanente. Hay que prevenir incidentes peligrosos y arriesgados como el gobierno de Libertad y Refundación que presidio Xiomara Castro, antidemocrático por los cuatro costados y en cada una de sus actuaciones y manifestaciones. Honduras debe garantizarse un futuro estable, y eso en gran medida depende de que la Constitución de la República no mantenga grietas por donde los ratones puedan hacer fiesta. Los hondureños pudimos ver la insaciable ambición del presidente usurpador Luis Redondo, nombrando a su gusto una Comisión Permanente con diputados que no tuvieron el pudor ciudadano para actuar como inescrupulosos una vez que tuvieron el poder de hacer y deshacer.
No más oportunidades infinitas a los poíiticos malandrines, mantener esta grieta antidemocrática llamada Comisión Permanente es una tentación para que diputados de los cuales se tenía un concepto más o menos favorable, den rienda suelta a su personalidad truhana, mostrándose como lo que realmente son: individuos ruines, a los que bastaba que un gobierno autoritario como el de la expresidente Xiomara Castro, les diera rienda suelta para que destruyeran la concepción democrática hondureña.
El Congreso Nacional, contando con todos los avances del progreso tecnológico ya no necesita ese «cuerpo de carácter permanente», porque la obligatoriedad corresponde a todos los diputados, que deben estar todos en forma permanente, atendiendo las tareas y misiones que les impone la Constitución de la República, los doce meses del año, por supuesto contando con los asuetos establecidos en el calendario formal y el calendario cívico nacional, ambos contemplados en las leyes del país. Por lo demás, los hondureños no quisiéramos ver que el Congreso Nacional siga estremecido por los escándalos, como este último que ha resultado penoso, de pedir canonjías a la Presidencia de la República, que desprestigia a los diputados, que reciben un buen salario del Estado.
Los diputados deben cuidar la buena reputación que deben mantener en su condición de legisladores. Deben atender la exigencia del pueblo hondureño que demanda que Honduras entre a la era del adecentamiento, no deben rehuir a implementar el juicio político a todos los funcionarios que violaron la Constitución. Esta obligación los debe mantener trabajando un mínimo de 14 horas diarias, seis días a la semana. Deben evacuar los juicios políticos, deben aprobar con los debates necesarios el Presupuesto de la República que norma la debida forma en que debe trabajar el gobierno. En fin, celebramos que se le de punto final a la seudo Comisión Permanente y que eliminen todos los vicios como el mal llamado Fondo Departamental que ha sido otra fuente de corrupción en perjuicio de la nación.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 9 de abril de 2026.