
En un giro diplomático que nadie habría predicho hace apenas dos meses, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha respondido con efusividad al discurso del Estado de la Unión de Donald Trump.
Desde el Teatro Teresa Carreño, Rodríguez se dirigió al mandatario estadounidense como «socio y amigo», solicitando formalmente el cese de las sanciones y del bloqueo financiero que asfixia al país caribeño.
Este inusitado acercamiento ocurre tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses, un evento que Rodríguez calificó como una «etapa excepcional y de mal pie», pero que paradójicamente ha abierto una «nueva agenda de cooperación».
La líder chavista celebró que Trump presumiera ante el Congreso de EE. UU. la llegada de 80 millones de barriles de crudo venezolano, sellando así una alianza energética que ha dejado atónito al mundo entero.
Mientras el hijo de Maduro permanece detenido en EE. UU., Caracas y Washington parecen haber pasado página a décadas de hostilidad, priorizando el flujo petrolero y el desbloqueo de activos para la compra de insumos hospitalarios.