
Hemos asimilado con tanta indiferencia eso de que «la costumbre hace ley» que hasta nos parece explicable que haya costumbres ilegales, sobre todo si la costumbre se practica desde el poder, es decir desde el gobierno que es el órgano director y ejecutor de la administración pública. Siempre supimos que los gobiernos usan los consulados para emplear a personas amigas de los gobernantes, aunque esas personas no tuvieran ni siquiera idea de las obligaciones consulares. Los consulados han funcionado como oficinas de becarios, en las que emplean personas que hay que favorecer para que continúen estudios superiores disfrutando de un salario decoroso.
Hasta que llego el PLR al poder, con línea autoritaria girada desde Tegucigalpa, con la novísima decisión de incorporar en los consulados hondureños a camaradas venezolanos y cubanos, en diversas ciudades de EEUU, que no desempeñaron propiamente actividades diplomáticas a favor de Honduras, sino otro tipo de actividades que en nada se relacionaban con los intereses del Estado hondureño. Esto es muy delicado, porque varias oficinas consulares hondureñas en el exterior, particularmente en EEUU, pudieron haber funcionado como centros de espionaje, lo cual no es nada extraño, si partimos de los numerosos casos que han sido descubiertos en embajadas de países europeos y sudamericanos, incluso en los mismos EEUU, donde han sido desmontadas redes de espionaje de Rusia, China y Cuba funcionando en sedes diplomáticas.
Lo denunciado por la Cancillería hondureña no debe ser visto con indiferencia por la ciudadanía. Aquí estuvo montado un equipo chavista con el propósito festinado de obstruir el proceso electoral y evitar la declaratoria del resultado de las elecciones con el evidente objetivo de prolongar el período de Gobierno de Xiomara Castro. A pesar del aparato de fraude bien montado, supervisado por el presidente de la asamblea venezolana, Jorge Rodríguez, los electores hondureños con la ayuda de Dios, y de EEUU, debidamente articulados, logramos derrotar a la poderosa maquinaria de fraude del chavismo.
Arriba de todo esto, la Secretaría de Relaciones Exteriores articuló, en nuestros consulados en EEUU, una estructura integrada por personas de nacionalidad venezolana y cubana, pagados mas allá del simple salario con recursos del Estado, sustanciados con los impuestos que pagamos los contribuyentes. Es obvio que los extranjeros que operaban camuflados en los consulados hondureños, debidamente remunerados, no estaban para atender las necesidades de los compatriotas, el trabajo y la misión de cubanos y venezolanos incrustados en nuestros consulados, pudieron ser de otra índole, con fines propiamente de interés político.
Las embajadas y consulados hondureños pudieron estar estos cuatro años de gobierno de Xiomara Castro a la orden de un controlado sistema de espías venezolanos y cubanos, en el que infortunadamente se usó el nombre de Honduras y el pasaporte diplomático hondureño, que son dos ventajas de estar avalados por un país supuestamente neutral, inofensivo por nuestra insignificancia como país, pero eso sí, muy útil por el tipo de gobierno que se instaló durante cuatro años, con una inocultable bandera antidemocrática, declarado enemigo de EEUU, con la miopía de orientarnos hacia el desastroso modelo de vida cubana, que nada en la miseria y la calamidad. La Cancillería a cargo de Enrique Reina, se burló de los hondureños, durante cuatro años hizo de Honduras «el chivo de los tamales», para que comieran en forma abundante cubanos y venezolanos, a costa de nuestro dinero.
La opinión pública nacional e internacional debe prestarle más atención a la denuncia formulada por la Cancillería hondureña. Que los consulados hondureños se mantuvieran convertidos en bases operativas de elementos cubanos y venezolanos durante cuatro años, no es algo trivial, si los órganos de investigación de EEUU como el FBI, hicieron seguimiento a nuestros consulados, es seguro que a estas alturas tienen expedientes de varios de los consulados hondureños, que funcionaban muy discretamente como oficinas consulares, pero en cuyo interior había cerebros del espionaje, camuflados como agentes consulares. Esto podría sonar a serie detectivesca, pero no es así, la denuncia la hizo la propia canciller hondureña, una persona seria, con una trayectoria de alta calidad diplomática.
Lo curioso del caso es que, en muchos frentes de la administración hondureña, Cuba y Venezuela nos asaltaron con médicos, profesores y técnicos, supuestamente especialistas en su materia, pero ninguno de estos extranjeros nos prestó un servicio que podamos identificar como aporte positivo que beneficiara al bienestar de los hondureños. Los cubanos y venezolanos que vinieron traídos por el Gobierno del PLR, no fueron personas ingeniosas que llegaron a beneficiar a la nación, eran extranjeros que salieron de la crisis que había tanto en Cuba como en Venezuela, devengando un salario que no podían tener en su país.
Esta preferencia nefasta del Gobierno de Xiomara Castro, para mantener bien remunerados a cubanos y venezolanos, escandaliza a lo máximo, porque mientras el gobierno mantenía esta caterva de extranjeros muy bien remunerados, los profesionales hondureños de la enfermería, los médicos, y de otros ramos, fueron subestimados y hasta humillados al retrasarles el pago del salario. Todo esto es la evidencia de la «desgobernanza» a que nos condenó estos cuatro años el Gobierno de Xiomara Castro, que al final le produjo el rechazo abundante de los hondureños, que fue el factor determinante para fulminar al PLR en las urnas en las pasadas elecciones.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 12 de febrero de 2026.