El diputado Mario Portillo advirtió que, aunque el Partido Libertad y Refundación (Libre) requiere una reestructuración urgente tras caer por debajo del 20 % de apoyo electoral, intentar desplazar a Manuel «Mel» Zelaya de la coordinación desataría una «guerra encarnizada» y el caos interno. Portillo sostiene que Zelaya sigue siendo el pilar fundamental de la organización, ahora en la oposición, al punto que la creación de nuevos movimientos internos se gestiona únicamente bajo su propia venia. Finalmente, el legislador minimizó las voces disidentes al calificar a Rasel Tomé como un «caso especial», asegurando que el resto de la militancia mantiene una lealtad absoluta al coordinador.

Este planteamiento genera un contraste significativo con los sectores que exigen un análisis profundo de los errores para lograr la redención electoral. Para estos críticos, es imperativo que figuras como Manuel Zelaya Rosales y Rixi Moncada cedan el control, permitiendo que una nueva dirección asuma el futuro de la organización. Urge una verdadera democratización en el partido, ya que esta entidad —que nació como un «parto» del Acuerdo de Cartagena— nunca siguió un protocolo democrático para su formación.
A pesar de ser una entidad de derecho público, Libre no se asemeja a ninguna otra fuerza política legalmente activa en Honduras; funciona, más bien, como un feudo de la familia Zelaya. Mientras el partido siga siendo la «finca» de un solo apellido y «Mel» actúe como señor feudal, no tendrá futuro institucional. La ruta hacia la democratización solo será posible cuando la estructura deje de estar supeditada al control absoluto del «familión» y de los Zelaya Castro.