
La Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS) se encuentra en una situación de «cuidados intensivos».
Según revelaciones recientes de empleados de la institución, las decisiones administrativas tomadas durante la gestión del exalcalde capitalino, Jorge Aldana, y el gerente Arturo Tróchez, han dejado una estela de deudas y operatividad mínima que compromete el suministro de agua para la capital.
Una planilla inflada y costos fuera de control

Uno de los hallazgos más alarmantes es el crecimiento desmedido del aparato estatal interno. En un corto periodo, la planilla de empleados experimentó un incremento del 50%, pasando de 700 a 1,054 trabajadores.
Este aumento no solo se refleja en el número de escritorios, sino en el impacto financiero real: entre salarios, horas extras y otros compromisos, el gasto anual se ha disparado a los 1,500 millones de lempiras.
A esto se suma un incremento del 40% en costos patronales derivados de contratos colectivos, lo que añade una presión de 40 millones de lempiras adicionales a un presupuesto ya deficitario.
El colapso de la infraestructura y el «cementerio» de unidades

La falta de fondos no es solo un problema de números en papel; se traduce en grifos secos. Debido a la crisis, la UMAPS se vio obligada a recortar inversiones vitales en:
- Mantenimiento de plantas de tratamiento.
- Controles de calidad del vital líquido.
- Reparación de la red de distribución.
El escenario es particularmente desolador en el área de logística. De una flota de 34 tanques cisterna destinados a llevar agua gratuita a las zonas más vulnerables y necesitadas de Tegucigalpa, hoy solo cuatro están operativos. Las 30 unidades restantes se han convertido en un «cementerio de hierro», abandonadas por falta de mantenimiento preventivo y correctivo.