El régimen de Irán lanzó un ataque masivo con misiles balísticos y drones contra instalaciones militares de Estados Unidos y objetivos en Israel. El impacto más significativo se registró en Bahréin, específicamente contra el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada de EE. UU. en la zona de Juffair/Mina Salman. Las autoridades de Bahréin confirmaron el impacto en el centro de servicios de la base y calificaron la acción como una «traicionera violación de su soberanía», reservándose el derecho a responder.
Esta ofensiva iraní, denominada «Operación Verdadera Promesa 4» por la Guardia Revolucionaria, es una represalia directa a una operación conjunta lanzada horas antes por Estados Unidos e Israel (llamada «Operación Furia Épica»). Dicho ataque inicial tuvo como objetivo centros de poder en Teherán, instalaciones nucleares y complejos gubernamentales, con el fin declarado por Benjamin Netanyahu de «eliminar una amenaza existencial» y por Donald Trump de destruir la industria de misiles persa.
Además de Bahréin, se reportaron ataques y explosiones en bases estadounidenses ubicadas en Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, así como el lanzamiento de oleadas de misiles contra territorio israelí que hicieron sonar las sirenas en ciudades como Jerusalén y Haifa. Irán advirtió que cualquier país de la región que preste sus bases para ayudar a Israel será considerado un objetivo militar legítimo.
El panorama actual es de una guerra regional abierta. Mientras las fuerzas estadounidenses e israelíes continúan con operaciones para derrocar al régimen de los ayatolás, la ONU ha condenado la escalada y ha llamado a una desescalada inmediata ante el riesgo de un conflicto de alcance global. En Irán, se reportan decenas de víctimas civiles tras los bombardeos iniciales, incluyendo un trágico impacto en una escuela en el sur del país.
