El estallido del conflicto armado entre Estados Unidos e Irán ha provocado una sacudida inmediata en los mercados energéticos globales, con un impacto especialmente severo en Europa. El precio del petróleo Brent ha experimentado un salto superior al 8%, situándose cerca de los 80 dólares por barril, mientras que el gas natural europeo se disparó un 38%. Esta crisis se ha visto agravada por la decisión de Qatar de detener parte de su producción tras ataques con drones en la región, lo que deja al continente en una posición de extrema vulnerabilidad energética.

La mayor preocupación para los economistas es que esta escalada bélica ocurra en un punto crítico para las rutas de suministro mundial. El posible bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo global, amenaza con elevar los precios hasta los 100 dólares si las hostilidades se prolongan. Esto ha obligado a las empresas navieras y aseguradoras a desviar rutas o cancelar coberturas, generando un cuello de botella logístico que encarece aún más el transporte de mercancías hacia los puertos europeos.
En el ámbito financiero, este choque energético pone en jaque las estrategias de los bancos centrales para combatir la inflación. Antes del conflicto, se esperaba una bajada en las tasas de interés para estimular la economía; sin embargo, el aumento en los costos del combustible podría forzar a mantener las tasas altas para evitar que los precios al consumidor se descontrolen. Esto aumenta el riesgo de una recesión técnica en varios países, ya que el poder adquisitivo de las familias se ve reducido drásticamente por el costo de la vida.
Finalmente, el panorama político añade una capa de incertidumbre adicional que mantiene a los mercados en vilo. Las declaraciones del presidente Donald Trump, advirtiendo sobre la posibilidad de más bajas militares antes de que finalice la crisis, sugieren que no habrá una resolución diplomática a corto plazo. Esta inestabilidad prolongada no solo afecta el precio de la gasolina, sino que debilita la confianza de los inversores y frena el crecimiento económico global en un momento de frágil recuperación.