
El mercado energético global contiene el aliento. Este viernes, el petróleo de Texas (WTI) cerró con una subida del 3,1%, situándose en 98,71 dólares el barril, una cifra que no se veía desde 2022.
La causa: una escalada bélica que ha pasado de los bombardeos a la asfixia económica.
La orden del nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, de mantener cerrado el Estrecho de Ormuz —por donde circula el 20% del crudo mundial— ha desatado el pánico entre los inversores.
A pesar de que la administración de Donald Trump anunció la liberación histórica de 172 millones de barriles de la reserva estratégica, el mercado parece no estar convencido.
Con la Armada estadounidense aún sin capacidad inmediata para escoltar buques y la amenaza directa de la Guardia Revolucionaria, el crudo acumuló un avance del 8,6% esta semana.
Un escenario que anticipa una presión inflacionaria sin precedentes para la región.