
En plena escasez de combustible provocada por las sanciones de Estados Unidos, pequeñas empresas privadas en Cuba han iniciado importaciones directas de combustible, mientras algunas firmas internacionales exploran la misma alternativa.
La medida busca mitigar la grave falta de energía en la isla, aunque los volúmenes contratados son limitados y solo cubren necesidades empresariales específicas, sin afectar de manera significativa el suministro nacional. El proceso se ve obstaculizado por la burocracia estatal y las posibles repercusiones de sanciones estadounidenses.
El Estado cubano mantiene el monopolio de importación y venta minorista de combustibles, y las autoridades han aclarado que los depósitos adquiridos por particulares serán únicamente para autoconsumo, sin permitir reventa.
Los empresarios deben cumplir con estrictos requisitos de seguridad y contar con almacenamiento certificado, utilizando isotanques de 21.000 a 26.000 litros. Esta iniciativa se da en un contexto crítico para la economía cubana, que enfrenta cortes de energía, transporte limitado y hospitales funcionando en servicios mínimos ante la paralización progresiva causada por la falta de petróleo importado.